El contrato que firmó Cuatro con la cadena norteamericana ABC, propiedad de la Disney, le da un trato preferente en cuanto a la compra de series. Lo que está menos claro es bajo qué condiciones debe esta emitirlas. Y es que, o hay una cláusula que estipula la emisión de Vida Secreta de una Adolescente en el primetime, o es que la cadena de Sogecable ha perdido los papeles. Gracias a ella, el cristianismo más rancio y sectario de Estados Unidos ha encontrado un hueco en la programación de los lunes y encima con un producto malo que ni tan siquiera sabe ocultar los hilos moralistas que sostienen a los personajes.La imagen que la cadena siempre ha querido proyectar, de canal que da cobijo a las series de calidad, fue un espejismo que nunca me acabé de creer. Por supuesto que hay buenas series en su parrilla (ahí está Anatomía de Grey agotando sus últimos cartuchos y la magnífica The Closer) y otras que supuestamente también lo son (lo de House aún lo comprendo; Dexter ya no), pero este último movimiento veraniego, que supongo que busca el mismo público que en su día congregaba Kyle XY con su primera temporada (con 13% de share), es escalofriante y demuestra el precio de saldo que tiene la programación de Cuatro. Ni la llegada de True Blood y Castle, que como serie es demasiado ligera pero como personaje es correcta, podrá borrar esta impresión. ¿De verdad alguien se ha tomado la molestia de ver unos cuantos minutos de Vida Secreta de una Adolescente?

Lo interesante será, además, ver cómo le funciona a Gossip Girl en el late de los lunes. No hay dos dramas más opuestos que estos dos, aunque el target de ambos sea joven. Básicamente, el de la serie de la ABC Family son los niños norteamericanos que estudian en casa con una biblia de bolsillo siempre a mano y una cruz encima de la cama de su cuarto, mientras que los seguidores de los upper-east-siders son admiradores de la frivolidad.
Y si alguien quiere entender mejor mi fobia a Vida Secreta de una Adolescente, que se lea esta entrada más antigua.















