Ay, Shonda, Shonda...Dudo que haya alguien más irregular que tú en toda la televisión estadounidense. Eres capaz de tirarte un cubo de basura encima con las relaciones sexuales fantasmagóricas de Izzie Stevens y luego te pones mona delante del espejo y nos regalas un cáncer del tamaño de Formentera. Y lo abrazamos con todas nuestras fuerzas y disfrutamos de esa boda terminal y el metafísico viaje en ascensor del soldadito O’Malley y la bonachona de Izzie. Ni una descarga de desfibrilador hubiera podido con ese final de impacto.
Pero contigo, creadora de Anatomía de Grey, luego llega otra ración de estiércol. Casi nunca falla. ¿Qué vino tras la muerte de Denny? Una odiosa doctora Stevens que estuvo todo el otoño contemplando un cheque pegado en la nevera. ¿Y qué vino tras la inverosímil y también pordiosera no-boda de Christina Yang? El acabóse, que casi resultó en un siniestro total. Básicamente no sabes salir triunfal de los atolladeros en los que te metes: llevas al espectador a hacer unos trompos y terminas dando unas cuantas vueltas de campana con el vehículo.
Esta vez no ha sido menos. Sin espoilers para aquellos que la sigan por Cuatro (que tanto se esfuerza con FlashForward y tan poco con ésta), sólo diré que los dos primeros episodios eran un viaje al imán de la nevera, la postfuga del doctor Burke y una especie de letargo para los días venideros. Decidiste saltarte la fórmula de la serie y brindar un relato cronológico postmortem. Pero te diste de bruces con la rutina e hiciste la peor carta de presentación posible: no dijiste “ahora vendrá lo bueno” sino “esto está tan muerto como... pongamos por ejemplo 'Heroes'”.
Claro que eres Shonda y a la vez eres Meredith Grey. Sí, la odiamos, pero al fin y al cabo su universo nos complace tanto que le perdonamos los tics y rabietas pseudotrascendentes. Y tras los ochenta minutos más soporíferos de Anatomía de Grey, que era como un salto al vacío a lo Thelma y Louise, nos metes en una carretera perdida para ver un mundo desconocido. Sí, me quito el cutre gorro estampado de cirujano (Dios, qué mal gusto tiene el Dr Sheppard) y te rindo culto, Shonda.
Ahora la escapadita está siendo fenomenal. Primero cogemos un cabreo de cuidado con los nuevos chicos del Mercy West (que como explicasta vía Twitter “si los odiáis con todas vuestras fuerzas es que hemos hecho un buen trabajo”) y después escribes uno de los episodios más magistrales de toda la serie. Un "¿cómo sería Anatomía de Grey si jugara a los puzzles y a resolver crímenes?". Genuflexión obligatoria.
Y después de dar otro giro, para acompañar a Derek en una operación imposible que él mismo narraba (Ellen Pompeo, ¿por qué no buscas la segunda criatura y así tenemos a Meredith postrada en una cama otros cinco capítulos?), me pregunto qué nos deparará el episodio de hoy. Es probable que otro gran tumor con mucho afecto.
Aunque ay, Shonda, Shonda... Sin Cita Previa es indefendible y apesta tanto que necessito mascarillas para soportar su hedor. Pero no te preocupes, que hoy te amo y ya te odiaré otro día.

















