domingo 12 de julio de 2009

Cuatro se pasa al lado oscuro

El contrato que firmó Cuatro con la cadena norteamericana ABC, propiedad de la Disney, le da un trato preferente en cuanto a la compra de series. Lo que está menos claro es bajo qué condiciones debe esta emitirlas. Y es que, o hay una cláusula que estipula la emisión de Vida Secreta de una Adolescente en el primetime, o es que la cadena de Sogecable ha perdido los papeles. Gracias a ella, el cristianismo más rancio y sectario de Estados Unidos ha encontrado un hueco en la programación de los lunes y encima con un producto malo que ni tan siquiera sabe ocultar los hilos moralistas que sostienen a los personajes.

La imagen que la cadena siempre ha querido proyectar, de canal que da cobijo a las series de calidad, fue un espejismo que nunca me acabé de creer. Por supuesto que hay buenas series en su parrilla (ahí está Anatomía de Grey agotando sus últimos cartuchos y la magnífica The Closer) y otras que supuestamente también lo son (lo de House aún lo comprendo; Dexter ya no), pero este último movimiento veraniego, que supongo que busca el mismo público que en su día congregaba Kyle XY con su primera temporada (con 13% de share), es escalofriante y demuestra el precio de saldo que tiene la programación de Cuatro. Ni la llegada de True Blood y Castle, que como serie es demasiado ligera pero como personaje es correcta, podrá borrar esta impresión. ¿De verdad alguien se ha tomado la molestia de ver unos cuantos minutos de Vida Secreta de una Adolescente?

Lo interesante será, además, ver cómo le funciona a Gossip Girl en el late de los lunes. No hay dos dramas más opuestos que estos dos, aunque el target de ambos sea joven. Básicamente, el de la serie de la ABC Family son los niños norteamericanos que estudian en casa con una biblia de bolsillo siempre a mano y una cruz encima de la cama de su cuarto, mientras que los seguidores de los upper-east-siders son admiradores de la frivolidad.


Quizá después de pasar por el primetime y luego por las tardes dominicales, a la tercera será la vencida y satisfará las expectativas de la cadena en un horario facilón. Cualquier programa con pies y cabeza programado después de la hora de las brujas suele conseguir buenos datos de share y tampoco es ninguna deshonra, más cuando Mad Men es la apuesta de los martes y otras buenas series como Cinco Hermanos o The Closer también han pasado por el mismo horario en Cuatro. ¿Acaso la buena ficción es alérgica al primetime español? Que conste, sin embargo, que Gossip Girl no entra dentro de esta consideración.

Y si alguien quiere entender mejor mi fobia a Vida Secreta de una Adolescente, que se lea esta entrada más antigua.

miércoles 8 de julio de 2009

El ladrillo-móvil de Cordelia y la Lisbeth Salander del Sunnydale

En una de las típicas noches de bailoteo en el Bronze, Cordelia se sacó un móvil del bolso para hacer una llamada. Era alrededor de 1997, ya que era la primera temporada de Buffy la Cazavampiros, y el aparato iba a conjunto con los tiempos: en lugar de un teléfono parecía un walkie-talkie y estéticamente era como un ladrillo de color negro que debía pesar lo suyo. Pero supongo que los guionistas se dieron cuenta que el uso del móvil aún no estaba tan instaurado y que les salía más a cuenta hacer desaparecer ese utensilio que habría avisado a Buffy y salvado a Cordelia de demasiados apuros. Así que ella hizo la llamada, se metió otra vez el móvil en el bolso y veinte episodios después aún no lo he vuelto a ver.

La tecnología en las series de televisión es ese as escondido en la manga que tanto sirve para un roto como un descosido, además de ser un portal para observar la evolución de la sociedad en cuánto a sus costumbres tecnológicas. Así, mientras que en los inicios de Buffy desaparecen los móviles por conveniencia, actualmente no se puede obviar este aspecto y más en una ficción juvenil. Ahora, por ejemplo, si los escritores de Supernatural necesitan que los hermanos Winchester queden incomunicados, es tan fácil como argumentar que se han quedado sin cobertura (algo por otra parte comprensible, a tenor de los lugares en los que siempre se hallan: sótanos, bosques aislados y casas derruidas). Tengo curiosidad por ver cuando se introducirá el móvil en las tramas de Buffy en un papel fijo y cómo van cambiando los modelos, a la vez que la señorita Summers adecua su look.

Pero si algún avance tecnológico ha influenciado en la sociedad juvenil en las últimas décadas ha sido el ordenador. Y con Buffy también se puede comprobar cómo ha cambiado su rol. Willow, la rata de biblioteca con problemas de socialización, domina las artes de la informática, mientras que Cordelia, la cheerleader guay, no sabe ni tan siquiera cómo mandar un e-mail (“you have to press ‘deliver’”, le cuela Willow para que así pulse ‘delete’). Una situación increíble hoy en día, cuando se ganan puntos por tener facebook, blog y myspace, aunque los chats con desconocidos hayan perdido fuelle. En esto Willow seguiría siendo una pringada: su cita con un demonio informático demostró las carencias que tenía en algunos aspectos.

Su maña con los ordenadores, asimismo, también es hija de los tiempos que corrían. Al ser aún unos medio desconocidos y gracias al tono desenfadado de la serie, Joss Whedon se pudo permitir el lujo de resolver unos cuantos pasos de las investigaciones lideradas por Giles con las aptitudes de Willow, algo que ahora salta a la vista. Y es que si Lisbeth Salander ha enseñado algo es que, por buena que sea, se necesita unas herramientas y un tiempo para lograr los objetivos. Y es bastante improbable que la niña buena y empollona del instituto, con un ordenador cualquiera de la biblioteca, lograra navegar por los archivos confidenciales del ayuntamiento de su pueblo. Claro que con el tiempo la maestría de Willow ha palidecido al lado del personaje de Elena Furiase en El Internado (del cual no recuerdo su nombre de tan decorativo que es). Esta chica si que logra milagros con el teclado sin parpadear y con las (mejores) peores frases de la serie ambientada en el acartonado Laguna Negra. Un ejemplo aproximado de lo que es capaz de hacer (y decir) de golpe (y no es su mítico “a mí esto me da muy mal rollo”):

¿Qué os pensáis, que puedo introducirme en la página web con contraseña encriptada de esta empresa farmacéutica que experimenta con niños, así como así? (Yon González se la mira casi con cachondeo) Bueno, aunque ahora que lo pienso, puedo hacer una página espejo (así, tal cual) y mandar allí los usuarios (suerte que era a prueba de balas) y así poder ver qué contraseña usan. Dejadme un momento... (la hija de Lolita casi logra fruncir las cejas en señal de concentración y teclea sin parar)¡Ya lo tengo!


... y lo que Lisbeth Salander hubiera tardado una tarde en conseguir, la Lolita Jr lo hace en dos minutos con el Toshiba de la habitación. Pero ya me estoy yendo por las ramas que aquí había venido a hablar de Buffy...

lunes 6 de julio de 2009

Tan buena como un queso ecológico

Si mencionan “culebrón de sobremesa”, lo primero que se me pasa por la cabeza es Nissaga de Poder, Laberint d’Ombres i El Cor de la Ciutat. Fueron los que marcaron mi infancia y adolescencia, a diferencia de Al Salir de Clase, que se supone que es el referente de Un Golpe de Suerte. Sin embargo, si algo intuyo es que la serie que pretende fidelizar al público joven en las tardes de Telecinco no será la fábrica de actores que supuso Al Salir de Clase. No veo yo aquí ninguna Pilar López de Ayala y la experiencia demuestra que, por más que uno se empeñe en ver posibilidades a un intérprete, éste no suele mejorar ni a la de tres (cuánto tiempo pasé excusando a Shenae Grimes a la espera de una evolución...). Pero dejando de lado el formato diario, la serie de la que se alimenta es The O.C. con unas similitudes que no pueden ser casuales.

Para que se entienda: el protagonista es un Ryan Attwood conflictivo que tiene que irse a vivir con una adinerada familia en Mallorca donde no encajará a la primera (en este caso es la familia del padre biológico y en lugar de Newport Beach, son las baleares). Y además de un rollete de marginal inadaptado que es calcado (las camisetas de tirantes, por lo visto, son el uniforme oficial del chico del ghetto tosco pero buena persona), hay personajes como el novio de la chica que dejan clara la influencia: como Luke, es un capullo, elitista e infiel con un padre en el armario.

Pero en este entretenimiento luminoso, ligero y playero, hay algo que no veo claro: que la chica con la que el Ryan de Alcorcón tiene tensión sexual sea su nueva hermana. ¿Se atreverán a continuar con esa inercia que llevará al incesto (algo poco probable)? ¿Asumirán que son hermanos de sangre y pararán su flirteo? ¿O se desvelará que el chico no es hijo de su padre sino de su tío y así podrán seguir con el devaneo? El culebrón está servido.

No obstante, aunque no le pida mucho al formato y a la cadena (hace demasiado tiempo que asumí que con las producciones españolas se debe bajar el listón), en Un Golpe de Suerte hay un gran lastre, que no es ni el bochornoso elenco, ni el micro que se cuela en los planos (una tradición muy made in Spain). Me refiero al impostado guión, que es un obstáculo insuperable para hacer una inmersión en la trama y que, en armonía con los actores, da a los diálogos la misma naturalidad que una función de colegio. “Tu madre está como un queso ecológico” es un ejemplo de esa maestría que ni Shakespeare.


La participación de mitos televisivos basuriles como Carmen Morales y Toni Cantó, asimismo, le da un plus a todo este ejercicio de despropósitos. Ver a Cantó, que va de tío chachi y pasado de rosca, tirarle la caña a la Morales en la piscina, que es su cuñada supuestamente atractiva, es historia contemporánea. Así que quien quiera ya tiene un placer culpable tan duro como ver a la Morales en bañador y en plan seductor.

viernes 3 de julio de 2009

Punto y aparte: de Kudrow, la Cañizares y pijos de profesión

Caída en picado: Cuando era Phoebe, todos la adorábamos. Pero desde que abandonó el Central Perk, Lisa Kudrow perdió rápidamente su aureola. Esa pose antinatural, con el cuello ultratenso y su incómoda expresión, resultaron no ser la construcción de un personaje sino el límite de una actriz. Y sus carencias se evidenciaron cuando la invitaron la semana pasada al programa de Conan O’Brien. Ya no es esa american sweetheart entrañable, sino una segundona que va a promocionar su serie por internet Web Therapy y que encima lo hace sin pizca de gracia. En la entrevista no hubo ninguna sintonía con el público ni con el presentador y su cuello parecía ir poniéndose aún más rígido por momentos. ¿Alguien más ha visto su aparición en el Tonight Show? Qué triste es ver una ex estrella de la televisión caer tan bajo en todos los aspectos, porque además su webserie se adecua a ella en el mal sentido: no es transgresora y como comedia, más que justita, es insuficiente. Pero si alguien decide darle una oportunidad, que se mire los tres miniwebisodios con Jane Lynch. Esta mujer está en estado de gracia y, a pulso, es una de las secundarias más destacables del panorama televisivo.

Un vecindario muy visto: Después de que el invierno fuera de El Mentalista, no es de extrañar que el público norteamericano se fije en otra serie mediocre en verano. Royal Pains, una de esas series que ningún periodista especializado esperaba, ya ha superado, gracias a sus seis millones de espectadores, a su compañera en la programación Burn Notice. Pero de momento, a la espera de que alguien se cargue al pesado de Paulo Constanzo, lo más interesante que ofrece es un inofensivo juego televisivo: descubrir a los eternos pijos de la televisión que ahora veranean en los Hamptons. Así ya se ha podido ver a Andrew McCarthy, multimillonario aquí, en Mujeres de Manhattan y padre de Lilly en Gossip Girl; Margaret Colin, también conocida como Eleanor Waldorf, junto con Dreama Walker, a quien Jen Humphrey robó un vestido; una encasillada Tamara Feldman, la zorra de Poppy para los upper-east-siders y Natalie para la familia Darling de Sexy Money; y ya, a modo nostálgico, Campbell Scott. De su carrera sé más bien poco, pero nadie puede olvidar su papel de ricachón con leucemia en Elegir un Amor junto a Julia Roberts.

A la Cañi ni tocarla: Estoy bastante desconectado de Camera Café porque, desde que el mando a distancia se estropeó, no hay quien se ponga delante del televisor (y tener que levantarse para hacer zapping). La noticia de que cambian el escenario, sin embargo, ha sido una grata y a la vez temible sorpresa. Se mudan de las oficinas a un hospital, con exactamente el mismo equipo, para así renovar el formato. Y aplaudo la decisión, porque ya esbozo alguna sonrisa sólo de imaginármelos con jeringuillas, complejos de dioses y trivializando la muerte. Eso sí, por más que digan que cambiarán a los personajes, a la Cañizares que no la toquen (y a los demás tampoco hace falta). Si de algo ha gozado siempre Camera Café es de la perfecta conjunción de su elenco, todos naturales y en su salsa. Y Esperanza Pedreño y los guionistas han conseguido, en una comedia de sketches, crear uno de los personajes más memorables de la ficción española contemporánea. Larga vida a la Cañizares, aunque sea como despistada y soñadora enfermera.

lunes 29 de junio de 2009

De Realities (III): Con cuatro hijos y un buen polvo

Mientras que a Jillian Harris le hacen mil rendez-vous, Stacey Anderson ha pasado sin pena ni gloria por la televisión con el nuevo reality del canal TV Land The Cougar. En el programa, Stacey, una mujer de 40 años y con cuatro hijos, tuvo que elegir entre 20 chicos de veintitantos. Y aunque despertó algunas críticas antes de estrenarse (algunos la acusaban de no ser atractiva, otros decían que era resultona), yo opino que los pósters promocionales que vi por Nueva York no le hicieron justicia: Stacey está buena.

El concepto, que es una adaptación de The Bachelor también creado por Mike Fleiss, no tuvo la repercusión que esperaba en los medios de comunicación. Y no lo entiendo, pues The Cougar tenía todos los elementos para ser la comidilla (fugaz) de los críticos: un look más cutre-kitsch que su antecesor gracias a un presupuesto más ajustado, la cuarentona depredadora, unos chicos que ni tan siquiera eran guapos (con sus vergonzosos ritos de apareamiento) y la presentadora, una Vivica A. Fox en horas aún más bajas. ¿Acaso Kill Bill tenía una maldición? Porque, de momento, ya nos hemos encontrado a Vivica confesando que ella también es una cougar, a Lucy Liu cargándose series por donde pasa (Cashmere Mafia, Sexy Money) y David Carradine murió con un cordón enrollado en los genitales. Que Uma Thurman y Daryl Hannah vayan con cuidado.

Pero que The Cougar no acaparara titulares no significa que no tuviera anécdotas jugosas: los concursantes tuvieron que pasar por la prueba de fuego de conocer a los hijos de la mujer y al final, una vez ella eligió al chico de su vida, el afortunado le propuso matrimonio. Y lo mejor no es que le dijera que la amaba, a ella y a su familia (o sea, a sus cuatro hijos, que eso ya es amor), sino que exhibió la cajita en el ángulo perfecto para que la cámara pudiera mostrar el nombre de la joyería. Y para colmo las últimas palabras de Stacey:

“Cuando abrió esa cajita y vi ese precioso anillo de diamantes de Sophia Fiori,
me quitó el aliento. Él es el hombre de mis sueños y con el que voy a pasar el
resto de mi vida”

Ya podrían haber hecho un cásting con actores, que así por lo menos la falsedad no se notaría tanto en la voz de los tortolitos.
Aquí está la prueba (del montaje y del anillo de compromiso):



¿Alguien más opina que, o consiguen una buena exclusiva, o estos ni tan siquiera pasan por el altar?

Con respecto a los trapos sucios, el marido hizo su aparición estelar en los medios para retratarla como una mala madre. Según él, Stacey nunca asistía a las funciones escolares de los hijos, llegaba tarde por las noches a casa y por eso, cuando se divorciaron, consiguió la custodia total de los niños. Y ahora no voy a justificar la ausencia maternal de la cougar, pero ella llevó a cabo lo mismo que han hecho gran parte de los padres en los últimos... ¿veinte siglos? Pero, en el caso de ellos, se trataba de sacar adelante a la familia y en el de Stacey, sencillamente una mala madre. Las mujeres profesionales y de éxito, o son perfectas, o son un fracaso total. Por favor, un término medio.

viernes 26 de junio de 2009

De Realities (II): Mujer blanca soltera busca...

Otro relato bastante fascinante que centra la atención de los medios, además del de Jon & Kate, es el de Jillian Harris, la soltera de oro que busca al amor de su vida en la nueva edición de The Bachelorette. Y si me interesó en un primer momento no fue por el formato, que nunca me ha atraído, sino por la presentación de la persona (o personaje, cada cual que entienda el programa como quiera).

Ella fue una de las descartadas de la anterior edición masculina. Según expresó ante las cámaras en su momento, a moco tendido, se había enamorado de Jason y la habían descartado en la penúltima fase. ¡Ella que había protagonizado la escena más caliente de la historia del reality en el jacuzzi! Y en los cuatro minutos de presentación de la season premiere, me creí las confesiones de Jill. Ella es muy auténtica, mona pero sin ser guapa, simpaticona y suena honesta. Tampoco cabe olvidar que los americanos son maestros a la hora de vender una historia.

Pero, aunque ella lo valga, el formato no me convence. No es nuevo, lo sé, pero tampoco esperaba que los escenarios alcanzaran ese grado de kitsch (la casa del capítulo inicial es de un mal gusto espantoso) y que realmente fuera a haber esa sobresaturación de citas al principio. Los resúmenes y avances de los episodios son mucho más interesantes que lo que después aparece en pantalla: una sucesión de chicos repitiendo frases sobadísimas bajo cualquier contexto.
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Una galería de freaks que, sin embargo, es bastante completa: desde pilotos de avión, a profesores de break, constructores e incluso un escocés al que los propios americanos deben poner subtítulos para entender y que protagonizó un hilarante momento cuando todos los demás se reían de él y les tuvo que recordar que sus tierras fueron las que exportaron el inglés que hablan (y no al revés). Me pregunto cuál de esos tendrá novia o habrá ido al programa para ser el próximo soltero televisivo, como indican algunos intrigantes avances. Lástima que no tenga paciencia.

Sería más interesante verles hablar de cuál es su película favorita o su tendencia política que oírlos venderse como producto mediante sus profesiones, familias y objetivos en la vida, siempre con un estilo no apto para diabéticos. Ni tan siquiera el guapo de Jake se salva con frases ¿WTF? del estilo “empecé a pilotar aviones a los 16 años. Claro que ya sabes que todo el éxito del mundo no importa si no tienes a nadie especial con quien disfrutarlo”. Y no hay nada peor que un country-man cantándole una canción compuesta por él mismo con su guitarrilla. ¿Cómo puede una chica de hoy en día caer ante tal truco?
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Igualmente y pese a las pegas que les pongo, son unos solteros infinitamente más potables que los de Mujeres y Hombres y Viceversa. Que nadie se confunda. La cuestión es que uno debe entrar en el juego y dejar de preguntarse si sólo porque te presenten una chica mona, ya te vas a enamorar de ella. O si se puede tener química en una cita cuando tienes a un cámara al lado. Y aparte de Jill y su posible cuento de hadas, que convence con una actitud que suscita confianza, me cuesta superar el estado de escepticismo.

No obstante, la decisión final de Jill deberá verse porque hay unos cuantos bistecs con los que salivar y tocará comprobar si se queda con alguno de ellos. No querría imaginar qué hará si ni en este programa, donde puede elegir entre 30 hombres, no encuentra su media naranja. Que al llegar a casa le escondan los objetos punzantes, cinturones y cordones de los zapatos por si acaso.

Aquí la cita con Jake. Incluye botas vaqueras y abdominales.



¿Y hay alguien de por aquí que haya visto el programa? ¿Sois capaces de creeros este tipo de formatos? ¿Os entretiene u os aburren las infinitas citas?

miércoles 24 de junio de 2009

De Realities (I): Crónica de una ruptura anunciada

Los divorcios mediáticos ya no se cuentan por millones de dólares como antaño, cuando se hacían quinielas sobre si Heather Mills le sacaría 50 o 150 millones de dólares a Paul McCartney. Ahora, gracias al reality Jon & Kate Plus 8, los divorcios se cifran en millones de espectadores.

Y es que una cosa es que los medios de comunicación sigan las rupturas matrimoniales y la otra es que se presencien las peleas y se anuncie tal decisión en la pantalla. Es el caso de la pareja Gosselin, que durante cinco temporadas ha narrado en televisión sus aventuras como padres de gemelos y sextillizos, y que esta semana ha anunciado finalmente su ruptura en antena delante de 10,6 millones de estadounidenses.

El fenómeno, sin embargo, no ha surgido de la nada. Los rumores que apuntaban a la inestabilidad conyugal ya surgieron en abril cuando la prensa publicó que Jon le había sido infiel a Kate. Y ante la expectación de una respuesta oficial por parte del matrimonio, 9,8 millones de personas sintonizaron el canal TLC para ver el inicio de la quinta temporada, donde los Gosselin negaron los cuernos y la posible separación, pero donde asumieron que la relación no era como siempre, mientras flotaba la tensión por el ambiente. Según ellos mismos reconocieron, desde que habían aceptado poner sus vidas bajo los focos, los dos habían cambiado.

Pero el auténtico bombazo llegó el pasado lunes, después de una inteligente campaña promocional por parte de la cadena. Ellos sólo publicitaron “un anuncio especial” y los medios de comunicación se encargaron del resto.


En la revista Entertainment Weekly, por ejemplo, cuatro de las cinco noticias más leídas del día tenían que ver con la separación; en toda publicación que se precie o desprecie también mencionaban el estado de Jon y Kate; y en el Twitter era uno de los temas más populares del día, junto con las elecciones de Irán. Y así, entre el cuarto poder, la opinión pública y los Gosselin, se ha podido vivir una experiencia más propia del Show de Truman. ¿Es digna esta opción de vida y de divorcio, o les quitaríais la custodia de los hijos? ¿La realidad ha superado una vez más a la ficción o es trata de ficción vestida de realidad?

Sea cual sea la respuesta, el Twitter deja clara una cosa: seguro que hay gente por aquí a la que le preocupan mucho más lo anuncios de Jon & Kate que los del Consejo de los Guardianes.

Aquí un fragmento del programa especial donde es fundamental fijarse en donde se sientan los futuros divorciados. Uno a cada lado, pero sin coincidir en el plano. Dura realidad la que refleja la cámara.



domingo 21 de junio de 2009

La enfermera Jackie contra la señora Smith

No me voy a quejar de la llegada de dos nuevas series ambientadas en un hospital. Sería como pedir al cine que abandonara lugares comunes como los institutos y las comisarías. Los centros hospitalarios son un escenario con mucha energía para la ficción televisiva porque son microcosmos bastante ajenos al entorno, con situaciones límite, pacientes distintos todos los días y un personal encerrado durante tantas horas en el hospital que se ve obligado a establecer todo tipo de relaciones con sus compañeros. Se puede crear un producto seriado o de capítulos cerrados con una faceta humana siempre constante. ¿Alguien da más?

Los doctores con el complejo de Dios, sin embargo, en esta nueva hornada están en segundo plano. Es el momento de ver los pormenores, aquellas personas que pasan más tiempo con los pacientes y que les cambian los catéteres. Ahora es el turno de las enfermeras, que en los últimos años han venido a ser los extras del Seattle Grace y del Plainsboro. Siempre en el escenario, pero sin una buena línea. Lo máximo a lo que habían llegado era a ser el rollito de primavera del doctor Shepperd en Anatomía de Grey y el blanco del bullyinguero de House.

De imaginar que ocurriría si House se encontrara en la consulta con la enfermera Hawthorne o la Nurse Jackie, las protagonistas de estas nuevas series (de títulos homónimos), el resultado del enfrentamiento verbal sería claro. A Christina Hawthorne y su pose melodramática de reinona negra justiciera se la comería con patatas. Y con Jackie lo más probable es que el doctor se confiara y la denigrara con su savoir faire. Claro que a continuación perdería el bastón, se lo encontraría partido en trocitos en su mesa y encima sin las cajitas de pastillas en el cajón. Menudo fiestón se pegaría luego Jackie entre guardia y guardia.

El problema de Hawthorne reside en la falta de garbo de los factores que se pasean por el hospital, que ni tan siquiera aprovecha al antes atractivo Michael Vartan, y en lo pretencioso que resulta el engranaje desde el punto de vista conceptual. Esta es la serie de Jada Pinckett Smith, que por algo está en las tareas de producción, y para lucirse ha escogido un papel de diva de la enfermería, aplicada con la familia, en el trabajo y con una moral intachable. Es demasiado perfecta, como la acusa la crítica del New York Times. Y si el hedor de genérico no puede causar mayor desinterés, algo que no debería extrañar al tener como creador al mismo que la insípida Providence, peor es la reacción ante la señora de Will Smith. De facciones duras, aún no entiendo cómo se ha dedicado a la interpretación. Sencillamente cualquier cosa que diga suena condescendiente, poco natural, y su rictus bucal me da alergia.

En cambio, la Jackie que encarna Edie Falco (a la que todo el mundo alaba por haber dejado de ser Carmela Soprano) es una mujer difícil, drogadicta e infiel pero a la que no me atrevería a acusar de mala persona. Al contrario. Se hace querer y cuando su aprendiz le dice que para ella es una santa, es fácil coincidir, aunque los pasadizos anaranjados en los que pasea parezcan sacados del purgatorio. Ya a partir del segundo episodio Jackie se hace cercana, junto con su entorno, muy vivo, que deja la impecabilidad del piloto a favor de la familiaridad.


Es la primera vez que veo algo del canal Showtime y que siento que han dado en el clavo. Y de momento, a la espera de que la NBC estrene Mercy, está claro qué enfermera es la que manda en la programación a partir de ahora.

jueves 18 de junio de 2009

Doctor en los Hamptons

Tiene una casa en los Hamptons”.

A la que salía esta frase de la boca de alguna de las chicas de Sexo en Nueva York, algo había quedado claro: quien fuera que fuese la persona a la que se referían, era un buen partido. Charlotte en concreto tenía una fijación con ese rincón costero de Long Island y Samantha decidió montar una exclusiva fiesta para celebrar la boda de un par de amigos. Desde entonces, lo que ya era de por si una elitista zona de veraneo para la gente famosa, adinerada e influyente de Manhattan se identificó como el referente popular por antonomasia del glamour en la playa y fiestas veraniegas.

Sin las continuas menciones de Carrie Bradshaw y sus amigas cuesta imaginar que la segunda temporada de Gossip Girl hubiera empezado allí, con los chicos saboreando sus últimos días fuera del Upper East Side. Y lo que aún es más improbable es que hubiera existido la recién estrenada Royal Pains ya que, pese a ser un producto compacto, responde a un gran interrogante planteado por Sexo en Nueva York, seguramente la ficción más influyente de los últimos tiempos. ¿Cómo es pasar las vacaciones en los Hamptons?

La respuesta la ofrece Hank Lawson, un doctor de urgencias que tras ser desterrado del mundo hospitalario pasa a ser el exclusivo médico de familia de la zona. Así, mientras atiende a los miembros de la comunidad, el lujoso estilo de vida se pasea por el metraje como un personaje más que lo impregna todo de glamour, esnobismo y unas mansiones que quitan el hipo.

Pero la base pretenciosa del decorado no se traspasa al concepto de Royal Pains, que es más bien ordinario y pobre. Es una serie hija de USA Network y esto se nota en la falta de garra visual y también argumental. Todos los elementos que configuran el oasis, incluidos los personajes, son previsibles y de manual. No siempre les podía tocar la lotería como con Al Descubierto (In Plain Sight), donde Mary se alzó como un monstruo televisivo ya casi desde el estreno. De momento Hank no pasa de ser un papel genérico. Sin embargo, Mark Feuerstein tiene el carisma y las aptitudes suficientes para aguantar el peso de una serie-personaje si se diera el caso.

Además, al igual que sucede con los marshalls de Albuquerque, tiene un tono de serie B más propio de la tarde, algo que se acentuó en el segundo episodio, donde les faltó otra frívola fiesta nocturna, repleta de modelos y hombres con traje. Y es que n
o hace falta que sea una oda pija y superficial como Gossip Girl, pero si algún atractivo debe tener un producto como Royal Pains es que pueda mostrar el lujo con toda clase de detalles (y sin que se noten los problemas presupuestarios).

miércoles 17 de junio de 2009

It's Not TV, It's True Blood

La fascinación que despierta True Blood no tiene límites. Da igual si es para bien o para mal, pero no sé hasta qué punto había visto algo parecido, una serie que atrapara tanto a la conciencia mediática. Es un producto al pormenor, como lo es en realidad casi todo lo de cable, pero es en su capacidad de ocupar espacio informativo y generar debates (sobre su contenido y también su entorno) donde reside el poder de este muy curioso drama. Y sé que Perdidos y Battlestar Galactica generan una expectación sin límites. Sin embargo, mientras que los seguidores de estas dos series llegan a la cita con sobredosis de ansiolíticos y un tic nervioso, los de True Blood han esperado la segunda temporada casi con espíritu festivo.

Las calles de Nueva York lo anunciaban con todas las paredes cubiertas de pósters y la falsa publicidad dirigida a los vampiros cumplía con su propósito: que se hablara de ella. Pero esto sólo significaba que la HBO depositaba mucha confianza y dinero en el lanzamiento de su segundo año. En cambio, es menos comprensible la abierta admiración que ha causado en los medios de comunicación. Una muestra de esta diferenciación es, por ejemplo, que nadie se ha atrevido a desvelar antes de tiempo si el personaje de Lafayette era el muerto del coche. Incluso Ausiello ha tenido especial cuidado en que nadie leyera la información sin querer. ¿Pero qué tiene True Blood?

Quien llevara demasiado tiempo sin pisar las tierras de Bon Temps lo habrá podido recordar (o lo hará dentro de poco) con la primera escena en la que Tara suelta un tremendo grito delante de un cadáver sin corazón. Sólo con un minuto te devuelven a la filosofía de la serie, esa extraña cotidianidad acentuada por una realización cutre y con toques de drama, gore y parodia. Y a este gran momento le siguen otras grandes escenas, como ver a un vampiro preocupado por el reciclaje, uno de los protagonistas secuestrado y con grilletes en un zulo terminal, o una escena de sexo con sangre de por medio y mucho morbo (¿habrá querido Anna Paquin agradecer el Globo de Oro poniendo el cuello y enseñando más carne de lo habitual?). No ha sido excepcional pero, al igual que sucedió con la anterior temporada, se trata de ver por donde irán los tiros.

No obstante, lo más grato de esta presentación es ver que el boca oreja surge efecto y que de verdad se puede relanzar una serie: mientras que el año pasado sólo un millón y pico de personas vieron el estreno, este han sido 3,7. La HBO no veía estas cifras con respecto a las ficciones desde sus gloriosos tiempos siempre citados. Y ya pueden celebrarlo porque me cuesta creer que alguien se imaginara lo que de verdad tenían entre manos.

Dan lecturas baratas que algunos se tragan como si fuera filosofía pura, mezclan todo cuanto se les pasa por la cabeza, y encima todos los medios los adoran, ya sean populistas o gafapastas. También han logrado crear un culto por la red que pierde el tiempo discutiendo si Anna Paquin es pésima, si es Sookie la pesada o si ambas son estupendas (¡claro que sí!). Pero el colmo es que, por odiada que sea la protagonista, la actriz ganó el Globo de Oro y encima sale con Stephen Moyer, su pareja en la ficción, dotando sus escenas de un morbo adicional. Y toda la estrategia promocional que fracasó de cara al estreno, la contrarrestó el entusiasmo de un público que no se pone de acuerdo en cómo se debe interpretar (si es que no está completamente vacía).


Y es que el eslogan que popularizó la cadena, it’s not TV, it’s HBO, sigue vigente. Lo que ha cambiado es su significado. Ahora están de vuelta de todo y no hay nada mejor que True Blood para simbolizar el cambio.