viernes, 17 de mayo de 2013

Don Draper ya no es intocable

‘Mad Men’ hace tiempo que no reside sola en el Olimpo. Cuando la echaron de su trono en los Emmy, pareció que algo había cambiado. Ya no era intocable y esa aura mítica que había sabido conservar durante tantos años (para llegar a extremos algo locos con la quinta temporada que tardó tanto en estrenarse y se esperó como la segunda venida de Cristo) estaba empezando a vaporizarse. Y está siendo divertido ver cómo a Don Draper le están lloviendo palos.

Puede que sea un personaje y que sea la intención de Matthew Weiner empezar a dejarle en evidencia (¿acaso no es casualidad que en el primer episodio de la temporada lea 'Inferno'?). Don está cansado y su trato con las mujeres, que muchos habían excusado (y envidiado), está siendo especialmente lamentable. Que conste que me pregunto dónde estaban estas voces cuando pagaba al psiquiatra de Betty para que le chivase sus traumas y poder tenerla todavía más controlada (mientras se tiraba a cualquier chica que le pasara por delante).

Pero algunas de estas críticas se centran también en cómo su caída (esa que se lleva presagiando desde hace un lustro gracias a los títulos de crédito) está siendo aburrida. Que las escenas de Don son pesadas, repetitivas y poco entretenidas y que, en el fondo, es el mismo carcamal de siempre sólo que Weiner ha cambiado la lámpara con la que le enfocaba (está más sudoroso, sí, pero en esencia es el mismo ser despreciable del piloto).

En esta línea van varias líneas argumentales. Por un lado, vemos como maltrata a Megan y prueba que si Betty acabó como una regadera fue culpa suya. Él coge chicas interesantes, las intenta domar y, cuando se aburre, juega psicológicamente con ellas (y puede que haya algunos espoilers). Es especialmente reprobable, por ejemplo, que le eche en cara a Megan el beso que da un actor por cuestión de trabajo, y que él finja ser un ser superior cuando se la pega (por capricho) con la vecina. Una vecina que, por cierto, el único interés que tiene es que es amante y que parece quererse poco a sí misma. Puede que Matthew Weiner se crea (y verdaderamente sea) un intelectual, pero la escena en el hotel está claramente inspirada en el best-seller ’50 sombras de Grey’. Los juegos eróticos siempre han existido pero esa escena de dominación es muy propia de Christian Grey (aunque sin cachetes ni cuarto rojo del dolor).

Por esto, cuando Joan le pega la bronca por no poder aguantar con el directivo de Jaguar (el momento más 'you go, girl!' de la serie, más de uno debió aplaudir en el sofá de su casa. Ha llegado la hora de poner al publicitario en su sitio y sus propios socios de la agencia entienden que no puede ir por libre como si nadie estuviera por encima de él. Él pudo ser el mayor activo para sacar a flote la nueva agencia pero también puede ser quien la lleve a la bancarrota, como siga creyéndose el intocable en un sector que empieza a escapársele de las manos. Cada vez está más claro que Peggy es el futuro y él cada vez tiene menos tacto a la hora de vender sus ideas a las empresas.

Y aquí también quería ir a parar. La súbita fusión de Sterling Cooper Draper and Pryce con la agencia rival me tiene algo desconcertado. ¿No hubiera sido más interesante ver a Peggy durante algo más de tiempo fuera del dominio de Don? Igualmente, da la impresión que los tiros irán justamente por aquí y que Peggy ya no se siente en deuda con nadie. Y ella, Joan y Pete Campbell están haciendo que la sexta temporada sea más entretenida de lo habitual, ni que sea porque Campbell es un gafe. Él es exactamente como Don Draper pero, como no es guapo, tiene tendencia a que le salgan los tiros por la culata. Pobre Vincent Kartheiser: entre su incipiente calvicie y la caída por las escaleras, está siendo el hazmereir de las redes sociales.

jueves, 16 de mayo de 2013

Las networks imitan el cable

Estos días se están anunciando los upfronts, que son las presentaciones oficiales de las cadenas generalistas americanas de cara a la próxima temporada. De aquí que hablase de renovaciones y cancelaciones el domingo. Pero lo más interesante ha sido ver cómo las networks parecen decididas a imitar los canales de cable.

Se percibe esta tendencia en sus estrategias de programación, ahora que asumen que su hábito de emisión a veces es contraproducente. No pueden ir intercalando episodios originales y repeticiones y mantener el momentum, sobre todo cuando se trata de obras serializadas cuya continuidad es fundamental para disfrutar del visionado. Por esta razón ABC, quien emite las obras más afectadas, ha anunciado que emitirá algunas de sus series en dos tandas ininterrumpidas.

Estas serían ‘Once Upon a Time’, ‘Revenge’, ‘Scandal’ y ‘Anatomía de Grey’ (y me pregunto si también ‘Nashville’), todas serializadas, y otras como ‘Castle’ o las comedias seguirían como hasta ahora. La cuestión es convertirse en una cita ineludible, no cansar con repeticiones que tampoco funcionan en audiencia y mantener la atención de los espectadores para frenar la tradicional hemorragia de audiencia de primavera, cuando intercalan episodios nuevos y viejos sin ton ni son. Lo que todavía no está claro es cuantos episodios conformarán cada tanda, pues se especula que podrían ser doce, lo cual sería un reto creativo para algunas series. Al fin y al cabo, será como emitir dos temporadas en un mismo año.

En esta misma línea va la decisión de emitir series de menos episodios. ABC ha explicado que ‘Betrayal’, una de sus novedades, será una miniserie; FOX encargó una segunda temporada de ‘The Following’ también de quince episodios y sorprendió a todos cuando anunció que ’24’ tendría otra temporada en forma de miniserie de doce episodios; y la CBS, que suele especializarse en procedimentales, ha encargado una temporada de ‘Hostages’ de quince episodios para evitar los episodios de relleno y así venderse mejor como un evento. Vamos, que por fin quieren responder algunas demandas de los espectadores.

Habrá que ver, sin embargo, si esto será suficiente para evitar el desgaste de los últimos años y si la estrategia funciona. Al fin y al cabo, entraña varios riesgos. Como he dicho, supondrá todo un rompecabezas para los creadores de las series de ABC. Mike Kelley, que abandonó ‘Revenge’ porque creía imposible escribir tramas de 22 episodios, seguro que criticaría que siguen siendo demasiados episodios. Pero también hará que sea más fácil estructurar los episodios. Y, lo más importante, será más costoso para los canales.

Hasta ahora su modelo se centraba en gastarse muchísimo dinero de cara a los estrenos de septiembre, rezar para que triunfaran cuantas más series mejor, trufar unas cuantas semanas de repeticiones y sólo invertir en publicidad en el midseason en función de cuantos fracasos habían tenido. Pero con esta nueva táctica, aunque algunas novedades como ‘Hostages’ y ‘Betrayal’ tengan éxito, deberán promocionar al máximo sus sustitutas en la programación (que serán ‘Intelligence’ y ‘Resurrection’), además de que ABC deberá producir contenidos para los hiatos prolograndos de mitad de temporada. Por lo que parece, la próxima temporada será divertida de analizar.

miércoles, 15 de mayo de 2013

¿Sí o no?

Esta entrada no es apta para desconocedores del final de temporada de ‘Cómo conocí a vuestra madre’.

Estos días el mundo televisivo se divide en dos frentes: por un lado hay quienes defienden que jamás debíamos conocer a la progenitora de ‘Cómo conocí a vuestra madre’, y aquellos que querían conocerla y verla con Ted y compañía. Porque, sí, Carter Bays y Craig Thomas nos dedicaron un último plano de la mujer en cuestión. La del paraguas amarillo y que tocará en la boda de Barney y Robin. Eso que llegamos a creer que jamás sucedería.

En cierto modo me recuerda a la discusión interminable de hace tres años entre aquellos que definían ‘Perdidos’ como una serie de personajes (y que por lo tanto el final era completamente satisfactorio) y aquellos que argumentaban que era de trama (y que el desenlace esencialmente era un despropósito, por mucho que estimulara los lagrimales).

Entonces, ¿macguffin sí o no? En mi opinión, si bien entiendo que era una excusa para divertirnos con un grupo de amigos, creo que había que aprovechar a la madre. Quería que me la presentasen. No tanto por una cuestión de “no podría sobrevivir sin saber quién es”, sino porque será una variable más con la que jugar en los últimos episodios. Y ‘How I Met Your Mother’ ha disfrutado demasiado jugando con ciertos recursos dramáticos para alargar todavía más el chicle.

Si la soltería de Ted Mosby fuese tan cómica como la de Moe, el suicida camarero de ‘Los Simpson’, entendería que siguiesen el plan inicial de dejarnos con una simple escena de presentación (o ni eso). Pero los creadores de la serie han escrito demasiadas escenas del protagonista haciendo pucheros y gravitando alrededor de Robin mientras ella, Barney, Robin y Lily avanzaban en sus vidas. De aquí que no soportara la idea de verle ni un minuto más pensando en cómo sería su vida si acabase con la periodista. No, no. De hecho, ni entiendo como se les ocurrió volver a este tema en esta octava temporada.

Puede que ahora, con los personajes en posición (Marshall de juez, Barney y Robin casados, Ted algo más feliz), podamos tener una temporada más entretenida. Porque esta última ha tenido momentos de inspiración (casi todo lo que tenga que ver con Robin Scherbatsky) pero todavía más episodios fallidos, en gran parte porque estaban demasiado pendientes de las evoluciones emocionales de todos ellos. Recordemos los novios sin importancia (y con escenas dramáticas malogradas) de los solteros y la tontería de la mudanza a Roma (que sabíamos que no sucedería, por lo menos como estancia de un año). Quizá gracias a que tenemos una madre, podrán centrarse en ser únicamente divertidos.

Ah, y Cristin Milioti me da buena espina. Thomas y Bays han declarado que la eligieron por su química con Ted y, teniendo en cuenta que no la conoce ni su madre, no hay otra razón para elegirla. Ya veremos. De momento, ya han avisado que no la integrarán como un personaje regular, así que tengo curiosidad por ver cómo la integrarán en la serie y cómo cambiará la narración en off del protagonista.

lunes, 13 de mayo de 2013

El cambio de tono de 'Glee'

La misma serie, otra óptica, distintos resultados. ‘Glee’ no iba a cambiar su forma de ser en su cuarto año, sobre todo cuando Ryan Murphy anunció que intentaría mantener los personajes principales a pesar de dejar el instituto McKinley. Pero sí he tenido la impresión que la serie ha adoptado otro tono. Uno más desenfadado, menos intenso. Y así, aunque igualmente me pasara por el forro según qué números musicales, he disfrutado algo más de la serie.

Siempre me puso de los nervios que en esa sala de guionistas se empeñaran en hacernos invertir en tramas que luego no iban a ninguna parte. Y no sólo me refiero a los encuentros y desencuentros de Finn y Rachel. También a cualquier trama que se sacaban de la manga, duraba treinta minutos y se suponía que dejaba huella en los personajes. Algo que criticaron algunos críticos yanquis con el polémico episodio del disparo de esta temporada y que bien lo ejemplifica: utilizan ese recurso para poner las emociones a flor de piel y a los cinco minutos del siguiente episodio el personaje interpretado por Nene Leakes ya está riéndose.

Esta ciclotimia, presente desde el piloto, obviamente no ha desaparecido pero sí se ha reducido. Como si por fin ‘Glee’ se hubiese dado cuenta que ya no le colaba a nadie el dramatismo y los giros de guión y los hubiese reducido a su mínima expresión. Ha habido estupideces extremas, como el imposible enamoramiento de Tina (que la echen de la serie, si no saben qué hacer con ella), la forzada trama de Will Schuester y Blaine ha estado más perdido que una gallina descabezada.

Ha optado, en realidad, por algo parecido a la filosofía del happy place. Con la nueva generación sí han transmitido desde un principio que era un lugar seguro para todos ellos (porque Rachel, Kurt y los demás eran mucho de “hoy nos queremos y al día siguiente nos apuñalamos por la espalda”) y fue refrescante ver como los personajes-tópicos de siempre iban por caminos distintos a los de sus predecesores. Los finales de episodio, al fin y al cabo, eran una declaración de intenciones que siempre daban a entender que daba igual lo que sucediera: estaban unidos y al acabar el día podían cantar y liberarse de sus problemas durante un rato.

Y, contra pronóstico, el spin-off encubierto protagonizado por Rachel y Kurt estuvo bien contado. Tenía una finalidad y la serie ha ido en esa dirección, tocaba ver a la señorita Berry cumpliendo sus sueños. No hay nada más raruno y divertido que ese ‘Let’s have a kiki’ y Lea Michelle estuvo radiante en prácticamente todas sus actuaciones. Quizá fue un error para la actriz no dejar la serie mientras todavía era relevante, pero le han dado unos guiones aceptables.

Esto no quita que ‘Glee’ siga siendo lo que es. Hay tramas olvidadas (como la que me han recordado en ¡Vaya Tele!, la del nuevo pretendiente de Kurt de quien no se supo nada más), tramas aborrecibles y excesos que no llevaron a ninguna parte (todo lo que tuviera que ver con la boda, fue innecesario). Pero que no fueran de intensos permitió que viera la temporada entera, algo que no logré hacer con las dos anteriores.

P.D.Podcast: De ‘Glee’ también hablo en un programa de ‘Yo Disparé a J.R.’ más inusual que de costumbre. La actualidad se hace con la mitad del podcast, ya que toca hablar de las renovaciones, cancelaciones y qué proyectos nos pican la curiosidad de cara a la próxima temporada. Pero también hay más temas. Aquí la guía:
- 0’: Introducción, renovaciones, cancelaciones y análisis cadena a cadena.
- 50’: El final de temporada de ‘Glee’ y balance.
- 67’: ‘The Carrie Diaries’, su renovación sorpresa y balance de la primera temporada.
- 80’: ‘Mad Men’ y el backlash a Don Draper. ¿El público le ha cogido manía?

domingo, 12 de mayo de 2013

Adiós, adiós, adiós (y hasta luego)

Estos últimos días han sido un estrés. Era entrar en internet y encontrar una nueva noticia sobre los próximos proyectos de los canales de televisión americanos. Y, lo que da más miedo, las renovaciones y cancelaciones. Porque las novedades de la temporada que viene, al fin y al cabo, no deben quererse de forma anticipada. Demasiadas veces nos han timado con puntos de partida que no iban a ninguna parte (¿os acordáis de ‘Undercovers’ de J.J. Abrams?). Pero sí puede echarse de menos aquellas que hemos visto y hemos apreciado. Es como perder a un amigo. Un amigo imaginario, claro.

De momento, probablemente la pérdida más dolorosa es la de ‘Southland’. Por más que algunos críticos se empeñaran, estos policías de Los Angeles jamás calaron entre el público, ni tuvieron la atención que se merecían en los premios. Bueno, es que no tuvieron ninguna. Y, sabiendo que TNT no encargará más episodios, el visionado de la última temporada se plantea duro. Exacto, todavía no la he visto y no me lo perdono, pero lo haré porque a) la adoro y b) era de lo mejor que había en televisión. Por suerte, siempre puede mirarse la parte positiva: tuvimos tres temporadas de regalo, que nadie pensó que fuera a ninguna parte cuando NBC anunció durante el rodaje de la segunda temporada que no tenía previsto seguir emitiéndola.

La cancelación que me resulta divertida y no me afecta en lo más mínimo es la de ‘Go On’. Ya me imagino a Matthew Perry escondiéndose debajo de las sábanas en su cuarto y yendo a comprar con gafas de sol extra grandes para que nadie le reconozca en el supermercado mientras compra helados de litro para superar el trauma. Con esta, ya van tres series que mueren fulminadas en su primera temporada y cuyo peso promocional recaía en su persona. Esto es lo que ocurre cuando crees que el mundo te debe un papel protagonista en una serie de éxito porque una vez funcionaste de secundario en una obra coral y buena, en este caso ‘Friends’. Y no, el mundo no funciona así. Que se lo digan a Mischa Barton, que quiso brillar en el cine porque una vez le dieron un papel hecho a medida en una serie y nadie le hizo caso. Todavía deben esconderle las cuerdas y objetos puntiagudos. Y, en el caso de Perry, el batacazo es merecido. ‘Go On’ puede que no fuera espléndida, pero era bastante simpática cuando el centro de atención no era él.

Porque, para tristeza, que ‘Whitney’ no vuelva en otoño. Bueno, y que América le haya dado la espalda a Whitney Cummings. Parecía que iba a serlo todo como co-creadora de ‘2 Broke Girls’, responsable y protagonista de ‘Whitney’ y presentadora del talk-show ‘Love you, mean it’ (una joya muy pasada de rosca, por cierto), y estas dos últimas han sido canceladas este mismo año. La muchedumbre no la quiere ver y me da pena porque su sitcom era entrañable y daba verdaderas lecciones vitales. A ratos, verla con el cónyuge era como mirarse en un espejo. Aprendíamos y todo.

Pero ha habido buenas noticias. ‘The Neighbors’ vivirá para seguir demostrando a la gente que un mal piloto no lo es todo. ‘Anatomía de Grey’ pasará a los anales de la televisión porque cumplirá una década y Nostradamus probablemente se frotará las manos porque ‘Scandal’ ha visto como batía las expectativas del canal, convirtiéndose en la serie revelación del año con una tercera temporada asegurada. Y ‘Nashville’ tendrá segunda temporada. Gracias, ABC, porque podrías no habérsela concedido. Como también podrías haber ignorado ‘Revenge’ y has querido darle otra oportunidad, supongo que para mandarla a las diez de la noche donde su bajón de audiencia haga menos daño. 

Y nuestra querida ‘Parks and Recreation’ tendrá sexta temporada. Y ‘Community’, que me importa descaradamente menos. Y muchas, muchas, muchas otras. Claro que la que importaba, ‘The Good Wife’, ya sabíamos que estaba renovada. Así que “larga vida a la Reina” aunque ni tan siquiera venga a cuento.

(Otro día ya tocará hablar de los proyectos nuevos para la temporada 2013-2014. Hoy todavía no. Hasta que no haya tráiler, paso de especular. Al fin y al cabo, es lo mismo de cada año: tropecientas series producidas por J.J., un batallón de series de policías y remakes, y adaptaciones por doquier que despertarán la furia de los fans. Bueno, y un spin-off televisivo de ‘Los Vengadores’ que estoy dispuesto a odiar con intensidad ni que sea porque la desarrolla Joss Whedon. Qué ilusión todo.)

viernes, 10 de mayo de 2013

La inocencia de Carrie y los suyos

Sexo en Nueva York y The Carrie Diaries son dos series dentro del mismo universo, el creado por Candace Bushnell, pero poco han tenido que ver. La primera era transgresora, una comedia conceptual y sorprendentemente explícita, y la otra un drama ligero de adolescentes que recordaba a una serie tan noventera como Sensación de Vivir. Cuando el género teen todavía no se había pasado de rosca y los jóvenes parecían inocentes corderitos abriendo los ojos a un nuevo mundo.

Como el anzuelo para ver la precuela de Carrie Bradshaw era la nostalgia (siempre una mala idea en televisión, por otra parte), costaba creer que el punto de vista de la ficción sería tan ingenuo. Pero la enfocaron como un culebrón ligero. Carrie podía ser muy dramática de mayor pero no era problemática, y decidieron poner su voz en off para contarnos su visión sobre cómo alcanzar los sueños, hacerse mayor e iniciarse en el sexo. Ahora, viéndola con retrospectiva, resulta evidente que jamás podría haber tenido éxito.

No es una cuestión de que las precuelas sean complicadas de vender (que lo son) o de que, en realidad, no es una serie para admiradores de Carrie, sus amigas y Manolo Blahnik (que no lo es). Su problema es que tanta ingenuidad no tiene cabida en la televisión contemporánea. No se puede hacer una serie tan poco enrevesada, tan blanca, tan inocente y con tan poco presupuesto, y salir indemne.

Esto sólo sería posible si, por lo menos, The Carrie Diaries buscase ser un happy place, un lugar feliz donde acomodarse sus espectadores y no hubiera querido atraer al público que echa de menos a la columnista. Pero no, tenía esquema de drama y no suscitó suficiente interés entre el público. De aquí que nadie creyese que pudiera renovar hasta que la CW demostró lo contrario (lo que hace la crisis de las networks).

Tanta ingenuidad, sin embargo, tiene su gracia. Hace que sea una serie tan simpática como intrascendente, a pesar de todos los pesares que podía tener. Como que, por ejemplo, los personajes vistan como modernos de hoy en día (y no como los chicos de los ochenta que son); que tengan un reparto muy limitado y dos personajes absolutamente irritantes, la hermana rebelde y la amiga asiática; y que el timing dramático nunca tenga ningún sentido.

Jamás he visto una serie que dominase tan poco el ritmo, alargando innecesariamente casi todos los planos mientras vemos las reacciones de los personajes, metiendo la música con calzador y con semejante fotografía de daytime. Otra cosa no, pero The Carrie Diaries seguro que es baratísima. Y una baratija. Pero vista desde la perspectiva de un adulto, es tan amable y ligera y de segunda que hasta resulta entrañable. Tan entrañable como intrascendente.

Por esto, cuando he leído que tendrá una segunda temporada, me he alegrado. De haber sido al revés, tampoco se me hubieran humedecido los ojos. Por otra temporada de inocencia tiene su qué y todavía no quiero perder de vista a Donna LaDonna. Si el año que viene optan por cancelarla, a ver si le dan un spin-off. ¿Os imagináis viéndola enfrentarse a Sadie de Awkward? Oh, sí, por favor.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Benioff y Weiss suben el listón

David Benioff y D. B. Weiss avisaron ya al principio de escribir Juego de Tronos que la mejor temporada sería la tercera. Como tenían la saga literaria de George R. R. Martin a su disposición, por lo menos los cuatro primeros volúmenes (el quinto fue publicado algo después y quedan dos pendientes), podían calcular qué les reportaría más drama y más acción. Y sí, la actual temporada seguramente será la mejor de las vistas. Pero no está bien atribuir todo el mérito, como ellos hicieron indirectamente, a la obra original.

Juego de Tronos está en su punto álgido porque sus responsables parecen haberle cogido el tranquillo a tejer tantas y tantas tramas en diez episodios. A situar al espectador con sus diálogos sin que nos sintamos en una clase de historia, y darle un valor intrínseco a cada escena, ya sea por picante, teatral, dramático, porque la trama avanza o por épica. Bueno, por lo menos a la mayoría. Y esto, por lo menos en los arranques de temporada anteriores, era lo que faltaba.

También se agradece que tengan una visión más completa de la obra. Finalmente están contando la historia con vistas al futuro, tomándose el formato de la temporada televisiva como una herramienta para contar una entrega de la obra completa y no simplemente adaptando el libro. La literatura y la televisión no son iguales y está bien que siembren y desarrollen tramas desde un principio con tal de entenderlas mejor cuando ocurran en uno o dos (o cuatro) años. Debe ayudar que Martin esté tan involucrado en el proyecto y pueda chivarles por dónde irán los tiros en un futuro.

De esto se habrán dado cuenta los lectores de los libros. Los dos primeros volúmenes, Juego de Tronos y Choque de Reyes, fueron adaptados casi escena a escena, quitándole unas cuantas, modificando pequeños detalles (como las inclinaciones sexuales de Sir Loras) y acelerando el arco de Theon Greyjoy. Pero Tormenta de Espadas no está teniendo una adaptación tan literal, aludiendo todavía más en la trama del Dios de la Luz, dándole una dirección, acercándose al concepto de Canción de Hielo y Fuego, el título original de la saga.

Es como si la serie por fin hubiese madurado. Aún tiene aspectos que mejorar: cada escena con Robbie Stark es un agujero negro donde se pierde todo el interés, vemos a Arya una y otra vez estancada, y no saben darle a Jon Snow la honorabilidad y la calidad de héroe de los libros (aunque su última escena en el muro era alucinante y muy Máximo Riesgo). Pero todas sus escenas, de una forma u otra, transmiten su razón de ser.

Se está confirmado, por lo tanto, que esta temporada puede que sea la más entretenida y también mejor. De momento, han dado grandes momentos como la lucha fraternal de egos entre Tyrion y Cerséi, las siempre inquietantes apariciones de Joffrey y los Tyrell (así en general), esa impactante escena de Daenerys, que pasará para siempre a los anales de la historia de la televisión y del género fantástico (y que estuvo muy bien pensada, única escena del personaje en el episodio y justamente la última) o la tortura psicológica a la que es sometida (la pobre) Sansa.

Y el último episodio, el aparentemente menos ágil desde el primero de la temporada, no perdió su capacidad de hipnotizar. No sólo porque dominan el arte de dar algo interesante a todas las escenas, sino porque dio la impresión de colocar las fichas de cara a la traca final. Y, viendo como están todas, no puede ser una idea más prometedora.

lunes, 6 de mayo de 2013

Ricky Schwartz está muerto

Puede que Awkward esté en su tercera temporada, pero todavía me sorprende cuando veo el logo de MTV y las pesadas cortinillas musicales cada vez que suena una canción. Es una comedia consolidada, una comedia que no tiene nada que demostrar. Una comedia que la crítica decidió que era buena y que, contra corriente, tiene unos actores tan solventes como sus guionistas. Y, aun así, siempre seguirá siendo una revelación. Cuesta creer que algo tan digno, algo que estaría presente en los Emmy de no ser teen, pertenezca al mismo canal que ha renovado el reality de Snooky y J’Woow.

Hubo algunas dudas, sin embargo, cuando MTV encargó una tercera temporada de veinte episodio. “Demasiados”, dijeron algunos con algo de razón (mientras yo hacía algún tipo de bailoteo para celebrarlo). Porque, si bien es una comedia por lo general muy divertida, puede que su único error fuera sostener la segunda temporada con el triángulo amoroso formado por Jenna Hamilton, Matty y Jake. Y, como esa cuestión ya debería haberse resuelto en el primer año, podía sospecharse que también sería la excusa y el esqueleto de la presente temporada, estrenada hace un mes.

Por suerte, en los cuatro episodios emitidos, se ha podido comprobar que Lauren Iungerich ha optado por explorar otras vías. Jenna está afianzada en una relación (o todo lo sólida que puede ser una pareja de adolescentes), Tamara también y no hay dudas con respecto a la idoneidad de todos ellos, por lo menos de momento. Por supuesto en ocasiones les persiguen el pasado común de todos ellos, pero contribuye a que las amistades e interacciones sean realistas. No se trata de jugar al “will they, won’t they”, sólo que no puede pasarse por alto el historial de Jenna con los hombres de su vida.

Esta coherencia argumental, este lógico seguimiento de la vida sentimental de la protagonista, permite que Awkward sea mejor de lo que necesita, aunque los elementos más divertidos no vienen de su relación. Me refiero, claro, a la muerte de Ricky Schwartz. Que le hagan un altar a la persona que tuviera semejante idea. Absurda porque Ricky tuvo poquísimas escenas y ni tan siquiera se le podía considerar un secundario, pero inteligente porque su nombre debe ser el que más ha sonado en la serie y daba para situaciones muy graciosas.

Los rumores acerca del embarazo de Sadie o esa fiesta en el bosque con confesiones incluidas son la prueba de cómo esta comedia todavía merece ser relevante. O que hayan ido mejorando poco a poco dándole chistes recurrentes muy acertados a Ming (la mafia china es muy roba-escenas), dejando que Jillian Rose Reed luzca su vis cómica y habiendo establecido a Valerie y la madre de Jenna como secundarios divertidos y nada innecesarios. En la primera temporada, me sobraban. En la segunda, me sorprendieron. Y ahora están completamente asentados. Como Awkward en si misma, a la que se ve cómoda, fresca y con futuro.

Jenna Lives.

P.D.Podcast: En ‘Yo Disparé a J.R.’ se nota que se acerca el final de la temporada y hablamos de los desenlaces de The Americans, The Following y de nuestra reina niña bonita, The Good Wife. Y, hablando de reinas, también comentamos el rumbo de ‘Juego de Tronos’ y además analizamos el estreno de Rectify, la nueva serie del canal Sundance. Aquí tenéis la guía:
- 0’: Introducción y Rectify, una grata sorpresa.
- 13’: The Following, la serie que redefine el ‘hate-watching’.
- 25’: The Good Wife y las decisiones de Alicia Florrick.
- 48’: The Americans, ¿serie revelación o fallida?
- 65’: Juego de Tronos, ¿cómo avanza la cosa?

domingo, 5 de mayo de 2013

Vicious y Miranda, dos caras de la misma moneda

El señor Ian McKellen no tiene nada que demostrar. Caballero de la Reina de Inglaterra por su contribución al mundo de las artes, nominada al Oscar dos veces, cinco al Emmy y ganador de un Tony. Una carrera de éxito, vamos. Y Sir Derek Jacobi, otro tanto. Supongo que por esta razón cuando les propusieron rodar en su país una sitcom facilona, acostumbrados como estaban ellos al escenario, dijeron que sí. ¿Qué podía salir mal?

Todo.

Es el riesgo de la sitcom clásica, la de decorado único y risas enlatadas. La línea que separa el tener gracia y el hacer el ridículo (en el mal sentido) es finísima y en este caso ambos la cruzan. Se esfuerzan tanto para ser gracioso que ambos resultan forzados. Sólo hace falta ver a Jacobi, el padrastro del Hamlet de Kenneth Branagh (y Yo, Claudio), gritando con un registro agudo. O ver a McKellen de viejo verde y amargado, tocando a un jovencito (Iwan Rheon). Porque eso es lo que son, dos maricas viejas con chistes fáciles. Chistes antes vistos y hace mucho, mucho tiempo.

La que también parece de otra época y, en cambio, es la mar de divertida es Miranda. Me enamoré de ella en otoño y por cosas de la vida no escribí sobre la serie cuando me reportó múltiples carcajadas por esas fechas. Y también se la ve viejuna, con un plató funcional, risas de fondo, las caídas de la protagonista y los comentarios y miradas a cámara. Y, si bien podría ser insultantemente mala, funciona. Casi por arte de magia. O, bueno, porque Miranda Hart tiene talento.

Tanto talento, de hecho, que la premian tanto por su papel de soltera algo loca como por interpretar a una comadrona en Call the Midwife. En ambas está espléndida. Se le da tan bien tirarse al suelo como emocionar con su crecimiento emocional en los años cincuenta. Y escribir guiones de su comedia, donde todo es una sucesión de situaciones absurdas, chistes recurrentes y secundarios solventes.

Ojalá Frances de la Tour, conocida por ser la novia de Hagrid en Harry Potter, se pasara por allí e ignorara a esos homosexuales de la tercera edad. Porque también tiene gracia y hasta se rebaja a hacer chistes casposos sobre Zac Efron. Y Iwan Rheon, descubierto en Misfits, que se aleje, que le den un papel más extenso en Juego de Tronos y pueda centrarse en Poniente.

Y a los pobres Jacobi y McKellen, que no ganarán premios por Vicious, que les acoja Miranda. Ella seguro que les haría divertidos y, en el fondo, está claro que les convencieron diciéndoles que se parecerían a esta mujer incómodamente alta. Y no.

viernes, 3 de mayo de 2013

Jackie está feliz

Esta última temporada ha habido unas cuantas marchas interesantes entre bambalinas. A Theresa Rebeck la echaron de Smash porque el canal y la productora de Spielberg creían que no llevaba bien el control creativo de la serie. A Dan Harmon le despidieron de Community, dicen, porque era caótico y un lunático. Pero la más anecdótica fue la de Linda Wallem y Liz Brixius, que habían creado juntas en Nurse Jackie y fueron sustituidas porque su animadversión afectaba el rodaje. Las dos, que habían sido pareja durante años, habían dejado de llevarse bien, casualmente desde que Wallem salía con la cantante de rock Melissa Etheridge.

El trabajo fue a parar a manos de Clyde Phillips, que ya había trabajado para Showtime en Dexter y el canal aprovechó la ocasión para sugerir algunos cambios. Desde su estreno, Nurse Jackie ha ido decreciendo en audiencia a la vez que ellos lograban ficciones de mucho más éxito entre el público como Shameless y Homeland. Wallem y Brixius ya habían ejecutado un retoque fundamental en el cuarto año, después de las malas críticas del tercero, y habían mandado a Jackie a rehabilitación.

Phillips, en cambio, se ha propuesto convertir la serie en una comedia. Algo que puede sonar redundante para aquellos que desconocen la obra, pues bien que compite en esta categoría en los premios Emmy y los Globos de Oro. Y, ahora que ya llevan emitidos cuatro episodios, ya toca hacer una valoración del experimento.

Nurse Jackie, aunque Phillips diga lo contrario, no está especialmente cómica. Es tan fácil como que no tiene gags, ni escenas conceptualmente hilarantes (como sí tienen Girls y Louie, comedias más intelectuales). Pero sí se nota que ha cambiado. Su protagonista está más sonriente, ve la vida desde un prisma más positivo y el tono es generalmente más desenfadado. No ha renunciado a los elementos dramáticos (algunas escenas con el ex marido o su hija mayor son especialmente tensas, y lo de Akalitus es bastante crudo) pero sí ha rebajado el tratamiento.

Este cambio, que conste, se agradece. Ya en la temporada anterior habíamos visto una Jackie algo distinta y el arco del personaje parecía pedir esta progresión. También tengo la impresión que Phillips para mucha más atención a los casos médicos de cada episodio. De momento, tanto el del deportista profesional, como la jovencita con dolores agudos y la mujer drogada tuvieron bastantes minutos y se aprovecharon como herramienta de entretenimiento, para dar cohesión al episodio y explorar aristas de los personajes. Hasta entonces, casi habían sido un estorbo salvo contadas ocasiones.

Esto no quita que no sea oro todo lo que reluce y es bastante doloroso que O’Hara se mudase a su país y hayan contratado a una doctora rubia y estúpida cuyo nombre no quiero aprenderme. Entiendo que una no es el recambio de la otra, pero hemos perdido uno de los personajes fundamentales del universo de Jackie y hemos ganado dos secundarios anodinos. Y es que tampoco sé de quién debió ser la idea de cambiar a Bobby Cannavale por Morris Chestnut. Por favor.