jueves 31 de diciembre de 2009

De la A a la Z, que toca hacer repaso del 2009 (II)

I de Islas (ya sea la de los otros o Samoa): Hay una cita que desde hace cinco años no falla: la nueva temporada de Perdidos siempre es un acontecimiento de abasto mundial y esta vez los creadores tenían bastantes explicaciones que dar. Ese movimiento de palanca, al más puro estilo Xena la Princesa Guerrera, dejó a más de uno con la mandíbula desencajada. Una temporada después, todavía esperamos las respuestas. Pero menos predecible ha sido el gozo que me ha proporcionado Samoa con la nueva temporada de Survivor. Atentos a la R de Russell.

J
de Jeff y también de Jordan
: El romance del año en EEUU no ha sido de ficción sino real como la vida misma: Jeff Schroeder y Jordan Lloyd, dos de los concursantes de Big Brother, enamoraron a todos. Ellos eran el faro moral dentro de una casa con sobresaturación de víboras y su odisea por sobrevivir puso los pelos de punta, con Jeff como Superman y Jordan como inocente damisela en apuros. La relación, que fue platónica dentro de la casa, sobrevivió al periplo y ahora están juntos y revueltos. Dentro de poco les veremos en la nueva edición de The Amazing Race.


K
de Kristen Wiig
: Si alguien debe actuar como estandarte del mítico Saturday Night Live es ella. Es la viva esencia de este programa de humor. Sin embargo, esto también tiene sus contras: la falta de chispa de los guionistas los está llevando utilizarla para todo, como su fuera un 3 en 1, y ha pasado de ser la mujer más graciosa de América a oler a chamusquina. Pero aquellos que critican que los invitados no están a la altura, por ser estrellitas sin presencia (January Jones, Megan Fox, Taylor Lautner), están de enhorabuena: Sigourney Weaver ya ha sido confirmada para el 2010.


L
de Leno
:
La NBC decidió recortar gastos y cabezas y eliminó la última franja del prime time de su programación para imponer el cabezón de Jay Leno como única opción. ¿Lo bueno del asunto? Que tras unas primeras semanas titubeantes, la audiencia del show se ha estancado en unas cifras poco seductoras para las generalistas; al tener menos espectadores, la promoción de sus demás productos pierde eficacia; y encima está asesinando el mítico Tonight Show, ya que además de ser un pésimo lead-in ofrece exactamente lo mismo pero una hora antes. ¿Le veremos la temporada que viene?

M
de McHale
: Este hombre no se ha complicado la vida: su ajetreado panorama laboral no le obliga a la bipolaridad. Joel McHale, tanto en el programa-batidora The Soup como en la serie Community, hace exactamente el mismo personaje: de engreído e irrespetuoso cínico. Pero que este apunte no engañe: Community, la mejor comedia de la temporada junto con Modern Family, no depende sólo de él, sino de un gran plantel de secundarios que bordan las múltiples y surrealistas historias con las que los guionistas sorprenden cada semana.


N
de Network
: Si algo ha demostrado el 2009 es que la televisión norteamericana ya ha cambiado y las generalistas deben también cambiar de modelo y de expectativas. Las grandes audiencias de antaño ahora son prácticamente imposibles y los estrenos cada vez lo tienen más difícil para rasgar los diez millones de espectadores. De aquí, supongo, la estrategia de Fox con Glee: era bastante obvio que una serie musical no congregaría masas, pero amortizaron un nicho poniendo toda la carne en el asador. Eso sí, de esto al cable sólo hay un paso.


O
de Olimpiadas
: El mayor placer culpable de la temporada (aparte de las Real Housewives of New Jersey) ha sido, sin lugar a dudas, Make It or Break It. Los ficticios entrenamientos de un grupo de gimnastas que aspiran a colocarse una medalla olímpica alrededor del cuello ha hecho realmente equilibrios para no caer en el bochorno, pero ha sacado el ejercicio adelante y con nota. A Kmetko la queremos porque la pobre ha tenido una vida muy desgraciada, pero Lauren es la verdadera reina de la función. Si una zorra es casposa ya tiene la partida ganada de antemano.


P
de Pasarela
: No soy diseñador, ni estoy al tanto de las revistas de tendencias, pero tengo dos ojos en la cara y lo que lucieron las modelos en la última temporada de Project Runway me pareció sensacional. De acuerdo, estaba Logan sólo porque sus piernas arqueadas hacían flojear las nuestras, pero el nivel del reality de Heidi Klum estuvo en lo más alto. Faltaba carisma, sí, pero talento no.

miércoles 30 de diciembre de 2009

De la A a la Z, que toca hacer repaso del 2009 (I)

A de ABC: La operación de la cadena norteamericana de relanzar su programación al estilo 2004/05 (Mujeres Desesperadas, Perdidos y Anatomía de Grey) se ha quedado en un quiero y no puedo: el bodrio de Eastwick ha sufrido un siniestro total, FlashForward se hunde como el Titanic y V aún tiene mucho que demostrar en términos de audiencia.

B de Baltimore: Tantos años hablando de Los Soprano y resulta que tres cuartas partes del público habían obviado la existencia de The Wire. Este año, sin embargo, el lanzamiento en DVD de la serie ha puesto esta obra maestra en su sitio. Las alusiones en los medios de comunicación y el boca a boca deben haber ayudado, porque de sopetón han sacado la tercera y cuarta temporada este otoño. O quizá haya sido el amor que públicamente profesa Obama a Omar. Quién sabe.

C de Charlie Crews: Supongo que desde este Estado, que tan bien lo acogió, no se puede entender porqué en Estados Unidos marginaron este detective que supo diferenciarse dentro del género policíaco. Pues básicamente por nacer en el lugar equivocado: si Life hubiera ido acompañada de un CSI en la CBS, seguramente seguiría con nosotros. Pero la creó la NBC y ya se sabe que todo lo que toca esta cadena se hunde. Aunque para el protagonista Damian Lewis se cerró una puerta y se abrió una ventana: ahora está en los escenarios de Londres interpretando El Misántropo de Molière con Keyra Knightley. Afortunado.

D de Depredadora: Samantha de Sexo en Nueva York marcó tendencia (como siempre ha hecho la pandilla de Carrie Bradshaw): puso de moda a las maduritas depredadoras de jóvenes. Y este año la tendencia ha explosionado: Courteney Cox se pasa el día a cien mirándose los chavales en Cougar Town, que me ha seducido; Jenna Elfman se ha quedao preñada de uno en Accidentally on Purpose, un yogurín que se pasa el día enseñando abdominales (y quizá por eso la sigo); e incluso ha habido un reality basura, The Cougar, en que unos chicos de veintitantos debieron luchar para conseguir el amor de una madre soltera.

E de Embarazo: Lexie Grey se dio a la comida para superar la ansiedad, mientras las mesas del hospital la ayudaban a ocultar la barriga. Lilly Van der Woodsen y Robin Scherbatsky, en cambio, optaron por tumbarse en el sofá durante múltiples episodios. Meredith Grey regaló un riñón y se pasó el postoperatorio postrada en la cama, y la detective Reese fue enviada directamente al FBI. Pero la palma, ya lo sabéis todos, se la lleva Allyson Hannigan: los de Cómo Conocí a Vuestra Madre aprovecharon el handicap para reírse un rato con los espectadores.

F de Fey, Tina Fey: El 2008 la coronaron musa de la comedia, pese a que desde Chicas Malas ya había dejado bastante claro todo su potencial (como guionista, porque su personaje era bochornoso). Pero este año ha llegado la resaca y su tan vanagloriado Rockefeller Plaza se queda a medio gas. No recuerdo la última vez que vi un episodio redondo. En la tercera temporada quizá vi un par.

G de Gatillazo: Ironías de la vida, Hung de la HBO no levantó cabeza. Puede estar renovada para otra temporada, pero la crítica la perdonó sin mucho entusiasmo por ser hija del Mesías televisiva. Y ahora que no está en antena, no hay nadie que hable de ella o que se acuerde. Suerte tuvo de tener de lead-in a True Blood (léase la V de Vampiro).

H de Hospital: Urgencias se despidió ante una audiencia mediocre por lo que hubo sido y con ella se fue otro estandarte de la NBC y de su época dorada (a la que sólo le quedan los Ley y Orden). Pero ha habido series médicas noveles para dar y traficar: Hawthorne, Mercy, Three Rivers, Trauma y, la única que se salva, Nurse Jackie. A día de hoy, sin embargo, los chicos del Seattle Grace siguen siendo mis niños mimados: la quinta temporada de Anatomía de Grey fue un soplo de aire fresco y la sexta es aún más deliciosa.

domingo 27 de diciembre de 2009

Friday Night Lights, la mejor serie de la década

1.- Friday Night Lights
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El porqué Friday Night Lights es la mejor serie de la década no sólo entra dentro de parámetros formales y racionales. No se trata del arriesgado porte que eligió Peter Berg, que rechaza el trípode y que a veces parece tener miedo de los propios personajes, rehuyéndolos en sus momentos más intensos, como si tuviera timidez. Y tampoco es porque se atreva a retratar una América orgullosa, acomplejada y deprimida a partir de un deporte que si viniera de Marte no nos sería más ajeno, el fútbol americano. Tampoco esos diálogos, que tienen la ordinariez de un adolescente, a la vez que su naturalidad. Bueno, en parte quizá sí que es por esto, pero también y sobre todo por algo más. A ver si consigo explicarlo.

En la cuarta temporada, el familiar de uno de los deportistas moría. Fallecía fuera de cámara y fuera de Dillon. Era un extraño para el espectador, que quizá lo había visto un par de veces. La cuestión, sin embargo, es que alrededor de esa muerte se escribió uno de los episodios más crudos y bellos de toda la serie. El chico, que ni llegaba a la veintena, debía encargarse de elegir el ataúd, de digerir la muerte de ese ser querido que tanto daño le había hecho. Y lo peor es que, a partir de esa pérdida ajena, el espectador sufrió con el personaje, por la muerte de esa persona que ni conocía y cuyo comportamiento tampoco brilló en vida.

También hace poco, y guardando las distancias entre realidad y ficción, algo parecido ocurrió en mi vida. No murió alguien que yo quería, sino una persona que era importante para alguien que yo sí quiero. Murió, a su manera fuera de cámara, fuera de nuestras vidas. Pero esa pérdida, por distante que fuera, no dejaba de ser menos atroz. Las circunstancias no eran fáciles ni mucho menos habituales, y tuve que ayudar a elegir el féretro y observar el dolor que dejó tras de sí el fallecido.

La diferencia es que uno era duro y real, mientras que el otro era un efecto óptico, por decirlo de alguna manera. Mi experiencia real ocurrió una semana después de ver ese episodio de Friday Night Lights. Y no pude dejar de pensar que los recuerdos torcidos que reflejaba, ese amor-odio que puede despertar quien no se portó bien en vida, y el terrible dolor que suscitaba en su despedida, de no tener el cristal del televisor de por medio hubiera sido tan verdadero como la vida misma.

He aquí la grandeza de esta serie, el porqué la considero la mejor serie de la década. Porque los chicos de Dillon, su entrenador, familiares y cualquier cosa que a ellos les importa (porque ya me diréis qué interés puedo tener en el fútbol) pasa a importarte, como te importa todo aquello que importa a quienes quieres. Y sus sueños y frustraciones, penurias y alegrías, entran en el saco. No como quien mira vidas ajenas, sino como quien halla dentro de sí la humanidad que le reflejan.

Ellos y sus historias se te inyectan en las venas, se te meten bajo los huesos, y una vez esto ocurre te das cuenta que Friday Night Lights no es una serie cualquiera. Tiene muchos puntos en común con otras magníficas series actuales y se adecua a los registros que requiere su enfoque realista. Pero su insólita sensibilidad le da una tercera dimensión, de cariz emotivo. Como dijo la comentarista Allegra en este blog, “cuenta lo mismo de siempre como nunca”. Y esto tiene mucho mérito, señores.

jueves 24 de diciembre de 2009

El top 10 de la década: De lo bueno lo mejor (II)

5.- Mujeres Desesperadas


Cuando Mary Alice se pegó un tiro en la cabeza no sólo salpicó la pared y el suelo de su impoluto hogar, sino a toda una sociedad de raíces patriarcales bastante reticente a valorar el concepto de ama de casa. Las Mujeres Desesperadas demostraron con su cinismo que los cuchicheos en el patio trasero podían acarrear trágicas consecuencias. Algunos seguirán en sus trece que se trata del enésimo producto machista, pero esta serie si algo demuestra es que la mujer es capaz de desempeñar cualquier rol sin tener que abandonar a su familia. Por algo las amas de casa norteamericanas se obsesionaron con ellas y las eligieron abanderadas de su causa, y el desenlace de la primera temporada se convirtió en uno de los acontecimientos de la década.

4.- True Blood


Después de A Dos Metros Bajo Tierra dudo que alguien esperara que Alan Ball se diera a los psicotrópicos y a la literatura barata. Pero lo hizo, adaptando una saga de Charlaine Harris, y convirtiendo True Blood en la serie más controvertida de los últimos años. Hay quienes ven en ella basura sin sentido y otros que le quieren buscar metáforas para excusarse. Pero no. Este descalabro argumental, interpretativo, lleno de excesos, que pasa del drama a la comedia, con toques de gore y desnudos gratuitos, es la tomadura de pelo más inteligente de este arte no numerado. Y en cierto modo simboliza el pasotismo y hedonismo de esta era posmoderna en la que está la sociedad y de la que tampoco escapa la televisión.

3.- Perdidos



Un drama de personajes con toques fantásticos que se pasó al terreno de la ciencia ficción pura y dura. Un juego entre el presente y el pasado, que pasó del presente al futuro, para ir dando literalmente tumbos por el túnel del tiempo. Desde que Perdidos llegó a la programación, el concepto ‘jugar con el espectador’ ha alcanzado otro nivel y los espectadores, en lugar de revolucionarnos y castigar la serie, hemos pedido más y más. Ya lo dije en su día que éramos una panda de masoquistas. Pero el relato intertextual, los guiños a la literatura, las continuas referencias a ella misma, sus trampas y engaños, y la intrincada realidad paralela que ha establecido en la red, han creado un entramado tan complejo como revelador. Logró salir de la televisión para convertirse en una enigma de proporciones reales.

2.- The Wire



Podría estar en el primer puesto pero no lo está, porque los vínculos que establece con el espectador no llegan al mismo grado de emotividad que otras series. Sin embargo, por lo que es, The Wire es una genialidad de nuestra época, comparada con el resto de la televisión y también con el cine. El guión de cada una de sus temporadas es la fantasía sexual que Martín Scorsese soñó con cumplir algún día, y el grado de complejidad es tal que no podría haber sido reducida a 150 minutos. Es coral y elegir para ella un protagonista es complicado. Y su mérito consiste en plagar de claroscuros todos sus personajes y dejar claro que en los dos bandos existentes, la policía y la mafia, hay quienes hay por simple casualidad. En realidad dependió del lado de Baltimore en el que nacieron, y los camellos lo hicieron en el equivocado.

Y mañana tocará colgar la que considero que es la mejor serie de la década. No ha sido una elección fácil y mucho menos obvia. ¿Apuestas?

miércoles 23 de diciembre de 2009

El Top 10 de la década: De lo bueno lo mejor (I)

No hace falta que os diga el criterio que he seguido. En parte, obviamente, es subjectivo. Por la otra, hay razones de cariz emotivo, estético, mediático o de guión que las hacen merecedoras de ser consideradas lo mejor de estos años. Y sólo puedo añadir: que suerte la nuestra por haber vivido en semejante década.

10.- The Closer


El lobby policial no podía ser ignorado en un ranking de lo mejor de la década, cuando han ocupado seguramente más de una quinta parte de la televisión. C.S.I. marcó claramente una tendencia a lo largo de la década, se le debe reconocer el mérito, pero yo me quedo con Brenda Johnson y su secundario equipo de detectives. The Closer ha sido tradicional a la hora de resolver sus crímenes, con la retórica como mejor aliado, y nos ha dado los casos más verosímiles además de bipolares. Bueno, y también está Kyra Sedgwick y un gran cásting que logra que, semana tras semana, incluso los invitados sean magistrales.

9.- Battlestar Galactica


Hija del 11 de septiembre, otra cita que marcó un antes y un después, Battlestar Galactica devolvió la dignidad a la ciencia ficción y gracias a un boca a boca muy intenso se abrió a un público inesperadamente amplio. La cultura cylon se merece por si sola un lugar en el olimpo, junto con sus reflexiones acerca del terrorismo, la democracia y el dilema de dónde se encuentra la humanidad en tiempos de guerra.

8.- Arrested Development


Los críticos postulan que Arrested Development nació prematuramente. Si se hubiera esperado un poco más, a la era Rockefeller Plaza, quizá hubiera tenido un hueco más confortable. Pero la cuestión es ¿hubiera existido Rockefeller Plaza si antes no hubiera pasado la familia Bluth por la programación? Absurda, patética y muy cohesionada en sus episodios, es la ejemplar comedia de la era post risas enlatadas.

7.- Big Love


Big Love es la serie que me reconcilió con la HBO. Ya me habían gustado muchas de las series que había en su programación (Los Soprano, Deadwood), pero su concepto casi elitista de la televisión me obligaba a tener una manía irracional al canal. Sin embargo, el trío de esposas que capitanea la polígama familia Hendrickson logró conciliar una idea compleja (narrar las peripecias de una familia mormona y polígama) con la proximidad que a veces echo de menos en sus producciones. Sin Chloë Sevigny, Jeanne Tripplehorn y Ginnifer Goodwin nada de esto hubiera sido posible.

6.- Criando Malvas


Suficientes piropos he lanzado ya a Criando Malvas, que no supo fidelizar a la audiencia quizá por su exceso de edulcorantes. Igualmente, su derroche visual y la filosofía de cuento, entre Disney y Burton, suponen una entrada directa a lo mejor y más destacable de la década. Y su frase de despedida, demasiado precipitada, le puso una guinda preciosa (como cada fotograma de la serie) que nos dejó a todos sus seguidores con una sonrisa en la cara. No descarto que dentro de unos años algún productor decida comprar los derechos y realizar una versión cinematográfica y en 3-D, porque quizá no cuajó en la programación, pero la materia prima era original y de indudable calidad.

Mañana llegará la segunda parte de la lista, del quinto puesto al segundo. Y quedará en evidencia que lo que me va son las series corales.

jueves 17 de diciembre de 2009

Hijos de una tele menor

Los genes, en la familia Fiennes, no beneficiaron a todos por igual. Mientras que Ralph se ha erigido en uno de los mejores actores de nuestra época, el ya crecido menor Joseph se quedó en espejismo. No es que en ningún momento haya demostrado verdaderas dotes para la actuación, ya que su olvido en los Oscar en el año de Shakespeare in Love no fue un error, pero sí que hubo quienes le auguraron un futuro prometedor (y no seré malo, pues en la Inglaterra del siglo XVII no estuvo mal).

Pero el tiempo, en lugar de nutrirlo, le ha causado estragos y su estado actual no tiene ni el ligero atractivo que una vez poseyó por defecto. Y sin este encanto es un intérprete perdido, pues hay quienes dicen que un buen actor es el que es capaz de transmitir con la mirada (Kate Winslet sentada en la silla en Revolutionary Road es un ejemplo). Él no tiene el don.

Bajo estas circunstancias, por todos sabidas, algún mandamás de la ABC decidió que cumplía con el perfil para protagonizar lo que sería el nuevo Perdidos. Creyeron que un actor de segunda, el hermano poco agraciado de los Fiennes, daría el pego para la televisión. Y no es así: hace tiempo que los malos segundones dejaron de tener cabida en la buena tele, de la misma forma que sí que se dan oportunidades a los que la mala fortuna se llevó por el camino.

Semanas después del estreno de FlashForward, el detective Benford al que interpreta ya es uno de los personajes más vilipendiados de la programación. Pocos le tienen estima a Fiennes y sus pocos registros. No obstante, el odio que despierta es en cierto modo irracional porque la mayoría también sabemos que ni Sean Penn podría haber salvado la función. Como muchos ya han expresado, de por sí FlashForward es un bodrio efectista y artificioso, y Fiennes sólo es la cara visible de un engranaje que chirría desde el primer episodio.

El problema es doble y además irresoluble: la trama del desmayo general se aguó con el la llegada de Dominic Monaghan, que le robó todo el misterio, y lo que debería quedarnos, los irremediables destinos de los protagonistas, tampoco tienen salida. Es una lástima que no pusieran el mismo empeño en vender la serie que en atender a los personajes.

Por esto, que intuí en el primer episodio y comprobé a partir del segundo, abandono a Joseph y este falso intento de revolucionar al público con malas artes. La tele es demasiado grande como para perder mis horas de ocio catódico con una serie y un actor a todas luces menores.

martes 15 de diciembre de 2009

Los barbitúricos de Annie

Al final no mandaron a Annie a estudiar teatro en París, aunque muchos tuvieran ganas de perderla de vista. No. Rebecca Rand Kirshner, que fue contratada para agriar el ambiente en Beverly Hills, pensó un destino mucho más cruel para la protagonista de 90210: llevarla a los infiernos para que quemara lentamente delante de los espectadores. Y después de doce episodios, la pregunta que lancé por twitter en septiembre aún sigue en pie: ¿Cuándo intentará suicidarse la ex hija pródiga del director del instituto? Motivos no le faltan:

- Su frienenemy Naomi la humilló en la fiesta de fin de curso tirándole un cubata por la cabeza y llamándola zorra porque creía que se había acostado con su novio (sin ser verdad).
- Justo después del chaparrón, la pobre Annie atropelló a un indigente pero, al ir borracha, se dio a la fuga. La víctima, encima, muere al cabo de un tiempo y la pobre está que no puede.
- Los amigos, por supuesto, no se creen que no se acostara con Liam y le dan la espalda...
- ... y como si cargar con un muerto no fuera suficiente, su némesis manda a todos los alumnos del instituto una foto de ella en pelotas. Contento que se queda Rob Estes.
- Y la guinda del pastel es que la emparejan con el sobrino del indigente, un turbio camello de instituto con instintos psicópatas que la maltrata psicológicamente.

Quizá soy yo, pero a mí me parece que a Kirshner, la actual showrunner, se le fue un poco la pinza. Una cosa es tener mala leche y la otra traumatizar a tu protagonista, y obligarla a tener una cita semanal con el psiquiatra de por vida. Sin embargo, esto le ha servido para humanizar tanto a Annie (que ha perdido en histerismo gracias a una Shenae Grimes mucho menos irritante) como a Naomie, que va por su camino mientras su hermana la apuñala por la espalda una y otra vez. Ya es un poco menos femme fatale de Superpop y se toma más en broma sus morritos de adolescente ebria en celo.

Pero este par de retoques y el proceso de expiación que lleva a cabo Annie no pueden disimular el resto de errores estructurales que tiene 90210. Un ejemplo clarísimo de por dónde van los tiros es la llegada de Trevor Donovan al instituto, que interpreta a un estudiante de 16 años cuando tiene 31 en la vida real. Y él simboliza de lo que adolece la serie: de unos guionistas demasiado adultos que no tienen ni idea de cómo hacer interactuar a los adolescentes. Cada conversación es una sucesión de clichés, cada cual más incómodo.
Quizá algún día Kirshner se dará cuenta que no es Annie quien necesita los barbitúricos, sino que es la propia serie la que pide la eutanasia. Le harían un favor.

domingo 13 de diciembre de 2009

The Amazing Race 15, una carrera decepcionante

La telerrealidad no tiene guionistas y, por lo tanto, se pueden mover unos cuantos hilos, provocar algunas situaciones, pero no se puede controlar del todo al pequeño crío. El resultado final sólo depende de cómo se conjugan los factores y aquí el programa no puede hacer nada. Se emancipa. Y la decimoquinta temporada de The Amazing Race, a pesar de tener un cásting en principio prometedor, ha desilusionado. Los personajes los tenían, pero quizá las fichas no se han acabado de mover como cabía esperar (y a partir de aquí llegan los spoilers).

Primero de todo, digo personajes pero en realidad el programa no va al recurso fácil de coger a cuatro tarados (como sí hace Tyra Banks). Sencillamente sucede que, bajo situaciones estresantes, las personas sacan a relucir caracteres imprevistos y también ponen a prueba sus filias y fobias. Para poner un ejemplo, sólo hemos tenido esta temporada el momento manguitos de piscina, que tuvo lo suyo, pero recordemos el año pasado y las clases de nado de las baloncestistas y también esos negados chinos. No hay punto de comparación.

Pero TAR no sólo es un cúmulo de crisis catastróficas al estilo dos chinos perdidos en el bosque. Las personas deben convertirse en personajes, a base de carisma, la relación entre los integrantes del equipo y también con su alrededor (y cómo se comunican con los extras de la calle). Y aquí les salió el tiro por la culata.

El curso anterior puso el listón alto: había una cheerleader poseída, el sordo siniestro, las baloncestistas meonas, el padre e hijo gays, y esa pareja de chinos que se alzaron con el triunfo y a los que animé en todo su trayecto. Eran personas corrientes que reaccionaron a las circunstancias y ayudaron a desarrollar un relato, que es lo que se debe configurar a medida que avanzan las pruebas.

Los concursantes de este año, sin embargo, han sido correctos pero sin sobresalir. Los ganadores, los rubiales perfectos, han sido unos grandes competidores pero tanta corrección en la ejecución de sus tareas ha minado el concepto de entretenimiento. Y en cierto modo no se ha visto una progresión a medida que avanzaba el programa: el espíritu de la carrera, a medida que avanzaban, no se ha intensificado y no hubo excesiva tensión. Además, tuvieron la mala suerte que las parejas que más seducían a la cámara desaparecieron demasiado pronto: el chico con el síndrome de asperger y su amigo eran una pareja muy interesante, y las jugadoras de poker eran increíblemente televisivas.

Así que, como balance, diría que ha sido una edición correcta, porque el formato es excelente; pero para nada ha sido sobresaliente. Siempre nos quedarán los manguitos, la combinación de la maleta y ese momento Franz que era para pegar al Globetrotter. Pero no ha habido momentos ni muy emotivos, ni pruebas memorables, y los amantes de la cámara que podían aguantar el discurso televisivo, se esfumaron por desgracia de los productores. El riesgo de la telerrealidad.

jueves 10 de diciembre de 2009

Explosivas con o sin el Enola Gay

No es lo mismo un vuelo de Oceanic que una avioneta para dos personas. No es lo mismo una demolición del barrio de Wisteria Lane que una rayada en el asfalto. Lo que ya es imposible saber es quién inicio el bulo: ¿fueron los productores los que filtraron información falsa o los espectadores de la ABC que soñaron con crossovers imposibles y tergiversaron la realidad? Pues, a ver, no mentiré que no decepciona ver que la compañía Oceanic no se la mete otra vez y provoca otra destroza al estilo del tornado sacado de El Día de Mañana, pero da igual y menos quejarse. Que tenemos a las Desesperadas recordándonos los viejos tiempos y esto vale más un Enola Gay dejando un regalito en el vecindario.

El misterio ha vuelto. Las líneas argumentales turbias también. Y la comedia ha subido un peldaño desde las últimas temporadas. Así que, quizá no estamos al nivel de la primera (que asumámoslo: nunca sucederá), pero sí que estamos en el mejor año desde la catarsis del 2004. Además Marc Cherry ha sabido llenar el vacío que dejó Edie Britt, esa zorra neumática que sacaba de las casillas a las amas de casa. Convertir a una de las desesperadas en una mujer tan inestable como loca, fue un giro tan retorcido como grande. Esta es la filosofía de la serie.

Y no sé qué más decir, pues cualquier intento de Cherry de mejorar la dramedia ha obtenido resultados. La familia de italianos ha echado raíces y Drea De Matteo no es “una más en la pandilla”, pero su carácter gusta, a diferencia de Alfre Woodward, y los dos varones de la casa también tienen su qué. Obviamente el secreto que ocultan no me quita el sueño (no es ningún baúl escondido bajo la piscina), pero se han adaptado.

Pero lo más extraordinario es que incluso han salvado a Lynette. Ese embarazo no deseado sentó como una patada en el estómago: ¿para qué queríamos otro rollo sobre maternidad e incompatibilidad laboral de la misma mujer? Sin embargo, se ha descubierto que no era gratuito. Ni se me ocurrió que esto podía afectar a los demás (y de qué manera).

Si a esto le sumas una Bree más liberada, una Eva Longoria que se merienda a todas las actrices cómicas del momento y un intento de asesinato en el primer episodio, las Mujeres Desesperadas han rejuvenecido y no sólo a base de bottox. Y con esto la ABC ha dado en el clavo otra vez: sus estrenos quizá no han supuesto lo que esperaban, pero difícilmente creían que dos de sus series, Anatomía de Grey y Mujeres Desesperadas, brillarían como antaño después de seis años. Ahora sólo hace falta ver si con su despedida Perdidos también lo logra.

Su Majestad la Reina
Kathryn Joosten, esa bruja savia que interpreta a la señora McCluskey, fue diagnosticada este otoño de cáncer de pulmón. Una triste noticia para esta diva televisiva. Pero ella, en lugar de dejar la serie o simular que aquí no pasa nada, ha pedido a Cherry que incluya su enfermedad en el argumento. Aún no ha llegado el momento en que nos hablen de los problemas médicos de Karen, pero espero que se cumpla la promesa que el creador le hizo a la actriz: que su personaje era el único que tenía asegurado que viviría durante toda la serie. ¡Larga vida a la Reina!

martes 8 de diciembre de 2009

Big Brother, la herencia de Maquiavelo

La figura del espectador debe tener unos límites. A la hora de hacer telerrealidad, como ya vi en The Amazing Race, cuanto menos tenga que decir el público mejor. De esta forma no hay un factor invisible que perturbe ese contexto artificioso en el que crean una burbuja con ecosistema propio. Esto en el caso de un Gran Hermano es impagable.

Sin tener que complacer al espectador, en la carrera por un tentador botín, no hay porqué falsear delante de las cámaras del confesionario. Y así es el Big Brother de EEUU: un juego de estrategia en el que el espectador no vota pero lo comprende todo, y que así se convierte en el auténtico experimento sociológico que alguna vez quiso ser el de Mercedes Milá (que si lo fue, fue por lo que ocurría fuera y no dentro de la casa, y sólo durante la primera temporada).

Recomiendo encarecidamente la 11ª temporada y, para los que no la hayan visto, estas son las razones por las que vale la pena el formato:

- Son tres episodios por semana de 40 minutos. En uno se designa el jefe de la casa que decide las nominaciones, en el otro se concursa por el poder de veto (y sacar a uno de los dos nominados), y en el siguiente hay la expulsión que deciden los de la casa. No hay melifluas discusiones entre ex concursantes y, una vez salen del programa, pasan a la historia: lo que importa es lo que ocurre dentro.

- Los resúmenes ignoran casi por completo los cotilleos de dentro de la casa que no tengan que ver con la pura estrategia. Muchas veces uno ni tan siquiera sabe si hay algún rollete amoroso porque no es lo que importa, así que el ejercicio de voyeurismo no está al nivel del español: lo que el programa retrata es qué es capaz de hacer el ser humano para llevarse medio millón de dólares. Como máximo, si aparecen elementos de cariz personal, sólo es para aliviar durante dos minutos el metraje, porque de tan intenso llega a ser taquicárdico.

- Y estar dentro de la casa, cuando las personas tienen tan claras sus objetivos, es realmente una experiencia intensa. De la misma forma que con el formato español inicial uno se preguntaba qué haría con las aburridas horas del día, en el Big Brother la cuestión es cómo sobrevivir únicamente rodeado de desconfianza. El concepto de “fíate sólo de ti mismo” es la máxima del concurso y en todo momento los participantes saben que, el que está en la otra habitación, puede estar tramando un golpe maestro para sacarte de tus casillas y que te quieran echar. Y como espectador vives con esa angustia pues (así de claro) de hijos de puta y hienas la casa está llena y puede ser que alguien te venga a insultar sin venir a cuento para infundarte terror.

Entrando en características más propias de esta edición que recomiendo (y que es la única que he visto, a falta de ver seis capítulos) hay otra dimensión que, aparte de parecer ridícula a simple vista, da en el clavo a la hora de mostrar un experimento social: dividen desde el primer día a los concursantes según los grupitos del instituto. Así por una parte hay los cerebritos, los que están fuera de onda, los populares y los deportistas.

Lo más curioso es contemplar como, ya desde el primer día, los atletas se erigen en dictadores sembrando la filosofía del terror entre los demás e intimidando con sus músculos. La filosofía del instituto, en parte, vuelve y los calculadores toman las riendas de la casa estableciendo un grupo sólido que, más allá de sus diferencias, sirve para aplastar al enemigo. La impotencia al ver que ser buena persona suele acarrear nefastas consecuencias me ha quitado el sueño durante los cuatro días que llevo viéndolo (sí, con la tontería llevo una media de cinco episodios al día).

Nunca me hubiera pensado que encontraría en el Gran Hermano norteamericano el heredero catódico de El Príncipe de Nicolás Maquiavelo. No es broma. Los consejos que el escrito/politólogo dio para aconsejar a los gobernantes, aquí se trasladan casi de forma literal. Por ejemplo, utiliza a alguien para sembrar el pánico y reestablecer el orden y luego córtale la cabeza. Aquí más o menos se cumple. Ten a tus enemigos cerca. También. Y nunca te fíes de los mercenarios: la piedra angular.

Pero también he de confesar que nunca hubiera podido sobrevivir al estrés mental de ver el programa de no ser por Jeff y Jordan, que son los nuevos sweethearts del país (y que participarán en The Amazing Race). La relación que establecen, que es la única 100% auténtica, de corazón e inocente, sirve para seguir adelante con los capítulos a pesar de los buitres que andan sueltos (la mayoría, para que quede claro, no entran en la categoría de “buena persona”). Él es un Superman contemporáneo, un tipo justo y demoledoramente guapo, y ella es la no muy lista chica de pueblo (que no sabe calcular que un cuarto de hora tiene 15 minutos) pero que es la prueba de la bondad de este mundo. Obviamente son los de la foto de arriba.

Lástima que, como he avisado, hay mucho cuervo capaz de arrancar los ojos a quien se cruce por su camino. Así que os recomiendo que veáis como se las apañan dos buenas personas en esta maquiavélica casa, donde sólo se puede estar en guardia. Pero recordad qué le acarreó a Jesucristo predicar con la palabra de Dios: le traicionaron, le clavaron clavos en las extremidades, lo colgaron en una desoladora cruz y dejaron que muriera lentamente. Los precedentes míticos no es que sean muy esperanzadores.

La semana que viene, o a finales de ésta, colgaré en el blog un balance final de la temporada, porque realmente hay mucho que analizar. Poca televisión he visto más estimulante.

Es un must-see como la Catedral de Girona, así que si queréis bajarosla aquí está en descarga directa. Sé que el primero no está, pero podéis encontrar el torrent, que funciona, en The Pirate Bay. Y algún otro tampoco está pero tampoco debéis angustiaros: hay miniresúmenes al principio de cada episodio que ponen al día, aunque cada minuto es oro.